Para conservar la financiación estadounidense en medio de la oleada de recortes iniciada el año pasado por el Gobierno de Donald Trump, muchas organizaciones que combaten el VIH tuvieron que elegir entre amoldarse a las nuevas reglas de Washington ―que limitan programas relacionados con diversidad e inclusión o servicios que, supuestamente, apoyen el aborto― o dejar de trabajar. Un nuevo estudio, publicado este martes por investigadores de la Fundación para la Investigación sobre el SIDA (amfAR) y otras instituciones en la antesala a la 26ª Conferencia Internacional sobre el SIDA, ha revelado que el 77% de los gobiernos, ONG y empresas que recibían recursos del PEPFAR, el Plan de Emergencia del Presidente de EE UU para el Alivio del Sida, recibieron órdenes de restringir sus actividades para cumplir con las nuevas políticas de EE UU. El resultado, según los investigadores, ha sido una respuesta al virus más limitada. Seguir leyendo