MARTIN MENDINUETA

@firmamendinueta

El resultado final evapora cualquier duda sobre los méritos acumulados por el incuestionable vencedor. Estudiantes terminó haciendo añicos la ilusión de todo Gimnasia por protagonizar el clásico y tejer un resultado positivo.

La primera gran equivocación tripera (correcta expulsión de Steimbach a instancias de la revisión de Falcón Pérez en el monitor del VAR) abrió de par en par la puerta del triunfo albirrojo. Y la segunda (la doble amonestación de Conti), le hizo saber a toda la ciudad que el Pincha caminaba derecho hacia el festejo que todavía está disfrutando.

Se unieron dos situaciones vigorosas: Uno se “suicidó” en lo disciplinario (de todos modos deja dudas la decisión arbitral en la segunda amonestación a Germán Contí), y el otro lo aprovechó sin miramientos, pisando a fondo el acelerador y elevando su autoestima con la fuerza de tantos impactos en la red.

Estudiantes, genuino artífice de una goleada que la historia guardará en un sitio de cierto privilegio, jugó serio. Once contra once tuvo buenas y malas, méritos e inconvenientes, pero jamás se apartó del libreto de innegociable intensidad que le demandaban sus hinchas.

Con lo que tiene (una combinación de sabor difícil de encuadrar entre lo que le quedó y lo que incorporó) procura avanzar en todos los frentes sabiendo que nada le resultará tan sencillo.

Ayer todo se le volvió fácil porque el rival cometió torpezas que deberá revisar en la intimidad de su vestuario.

La hinchada albirroja saborea de manera especial el fin de semana largo esperando, ahora, la revancha en Santiago de Chile con renovada confianza. El equipo del Cacique terminó facturando y obteniendo exactamente lo que necesitaba para enderezar el rumbo.

BUEN PARTIDO DEL HUÉSPED HASTA EL PRIMER QUIEBRE DE LA TARDE

Gimnasia no sólo estaba jugando bien, sino que además parecía tener listo un plan bien ensayado. La atajada de Muslera (abajo sobre su derecha) ante un bravo remate de Auzmendi fue el gran aviso de que estaba dispuesto a atacar poco, pero válidos argumentos.

La sensatez habitual de Nacho Fernández, las criteriosas proyecciones de Pedro Silva y esas inteligentes apariciones de Auzmendi en soledad conformaron el respetable menú ofensivo de quien llegó al estadio teniendo claro que alcanzar un empate lo seducía mucho.

Tobio Burgos fue el mejor en un clásico que el Pincha tiene que capitalizar para recuperar su juego

Quedará flotando en el debate de los próximos días por qué Ariel Pareyra no hizo un cambio de carácter ofensivo durante el entretiempo, a donde llegó perdiendo.

¿Acaso no era el momento indicado para cambiar a Mateo Seoane por Agustín Colazo? ¿No tendría que haber enviado un mensaje claro y contundente de que iba a intentar corregir la historia con mayor presencia en el área rival?

El desastre protagonizado por Conti derivó en una variante nada alentadora: Cortazzo por Miramón.

FIESTA TOTAL: EL LEÓN LO PASÓ POR ARRIBA SIN TOCAR EL FRENO

El mérito albirrojo fue plasmar en el resultado lo que el trámite le ofreció. Observó huecos, encontró facilidades y arremetió con decisión.

Hizo un gol más lindo que el otro. El de Tiago Palacios fue una obra de arte por donde ubicó la pelota, y el de Tobio Burgos (figura destacada por todo lo que aportó desde su zurda distinguida) una joyita por la frialdad que demostró en el último toque del balón.

La diferencia de cuatro goles inhibe explicaciones rebuscadas. El León ganó por paliza.

Alexander Medina, que venía con la imagen en baja, fue a cenar anoche con el pecho inflado de orgullo y una sonrisa ampulosa. En cambio, el “Pata”, que ostentaba antecedentes envidiables, salió “herido”. El planteo original no estuvo mal, pero su falta de reflejos durante el entretiempo lo dejó expuesto a la ácida crítica. Es un golpe durísimo a su ciclo y necesitará agallas para salir de la horrible situación de haber sido el tutor mens sana en semejante castigo recibido.