“La tiendita del horror” es uno de los artefactos más extraños que ha visto Hollywood. Un musical paródico con plantas carnívoras, basado en una obra musical del under que, a su vez, estaba inspirada en una película clase B de Roger Corman, no debía convertirse en una película de culto: era más bien un gran chiste. Y sin embargo, esa explosión de creatividad y juego terminó convirtiéndola en una de las películas más memorables.
Y mucho tiene que ver Ellen Green, una de sus protagonistas (junto a Rick Moranis, el de “Querida, encogí a los niños”). Su voz tan singular, un poco entrecortada, un poco chillona, un poco ceceante, un poco neoyorquina, convirtió a su heroína en un ícono instantáneo. No era un registro que hubiera planeado usar en la audición. Simplemente le salió en el momento, y se quedó.
“No lo pensé”, comentó Greene, de 75 años. “Fue raro; quiero decir, no sé de dónde salió la mitad de estas cosas”.
En su larga y sólida carrera sobre el escenario y en la pantalla, Audrey es quizá el papel definitorio de Greene. Su dependienta tragicómica de un barrio marginal se abrió paso a fuerza de voz hasta el corazón del público fuera de Broadway en 1982, y luego en la película de 1986 de Frank Oz, junto a Rick Moranis.
Todavía hoy es furor, y cada tantos años parece que la llaman para un bis. En 2015, retomó el papel para tres funciones con entradas agotadas, en las que Jake Gyllenhaal interpretaba a Seymour. Y a partir de este fin de semana, hará paradas por todo Estados Unidos durante los próximos meses para proyecciones por el 40º aniversario de la película, que se cumplen en este 2026.
No faltará, claro, su interpretación de “Somewhere That’s Green”, balada dolorida sobre querer más, que además de ser uno de los grandes números que se roban el show, ocupa un lugar especial para Greene. Recuerda haberla escuchado por primera vez en la fila del desempleo, esperando cobrar su cheque, y cantándola en voz baja.
“Simplemente supe que había una Audrey dentro de mí esperando nacer”, manifestó Greene.
Llevó esa sensación a la audición, donde el compositor Alan Menken se sumó para tocar el piano, mientras el letrista Howard Ashman, ya su gran amigo, observaba. Cuando terminó, todos estaban llorando.
Conseguir el papel tampoco fue una ganancia inmediata. Cuando empezaron en el WPA Theatre de Nueva York, le pagaban 50 dólares a la semana por un mes de ensayos y dos meses de funciones fuera de Broadway. Pero fue un éxito. Una noche, Steve Martin, quien más tarde interpretaría en la película al abusivo novio dentista de Audrey, incluso fue a verla con Mary Tyler Moore.
En el escenario, interpretaba “Somewhere That’s Green” sentada sobre un cubo de basura. Para la película, Ashman escribió el número para montarlo al estilo de los números de Leslie Caron y Cyd Charisse que a ambos les encantaban, en los que un personaje entra en una habitación y, de repente, aparece con otro vestuario para la canción.
“Uno pensaría que me habría quedado boquiabierta y tan emocionada de que me diera este regalo”, contó. “En cambio, lo llamo y estoy llorando mares. Y le digo: ‘¿Dónde está mi cubo de basura?’”.
Ashman, relató, se echó a reír y le aseguró que provocarían la misma reacción cuando la cámara se alejara para revelar que ella seguía en el barrio marginal. Irónicamente, todo este intercambio ocurrió antes de que siquiera la hubieran elegido oficialmente para la película.
CÓMO EL PÚBLICO SALVÓ A AUDREY DE MORIR
La historia de cómo se hizo la película es larga y accidentada. John Landis iba a dirigir originalmente y luego, por un breve tiempo, Martin Scorsese, antes de que finalmente llegara a Oz. La participación de Greene tampoco estaba garantizada. El productor David Geffen quería conseguir un “nombre más grande”, como Cyndi Lauper, para la pantalla.
“Nunca pensé que habría conseguido la película”, dijo Greene.
Pero cuesta imaginar a alguien más ofreciendo una interpretación tan distintiva. Al público de prueba le encantó tanto su Audrey que rechazó por completo un final en el que ella muere.
“A mí me encanta esa escena de muerte, personalmente”, señaló Greene. “Pero tuve una corazonada, ¿saben?, porque Frank dirigió a Audrey para la pantalla de una manera más heroica”.
Había eliminado frases de la obra como “no conoces a chicos buenos cuando vives en el barrio marginal”, dijo, hablando como Audrey. Cree que eso la colocó en un lugar un poco distinto. Luego, al final, está la frase “cuando me muera, lo cual debería ser muy pronto”. En el escenario, se la decía al público. En la película, se la dice a Seymour. Es más íntimo y serio. Frank cree que es porque no hicimos una reverencia, como en la obra, pero yo creo que es porque la frase se interpreta de dos maneras distintas. Una prepara el terreno para que esto sea una tontería y yo esté bien, y la otra es que es real y conmueve”, explicó.
Oz finalmente cedió y filmaron una conclusión más feliz. Ahora, a Greene simplemente le gusta que existan ambas (la original en una versión del director).