El presidente Javier Milei vinculó directamente las teorías de los ganadores del Premio Nobel de Economía 2026, Michael Woodford y Robert E. Hall, con el diseño y la aplicación de su plan económico en Argentina.

Tras el anuncio del galardón de la Real Academia Sueca de Ciencias, el presidente libertario reconoció en una entrevista radial que se guió por los modelos teóricos de Woodford (como precios e interés) para alcanzar el equilibrio fiscal, sanear el Banco Central y reducir la inflación. Además, los definió como economistas “neokeynesianos” con rigurosos microfundamentos, apartándolos del keynesianismo tradicional que critica.

LOS MATICES DEL PLAN

Sin embargo, especialistas advierten que las investigaciones de Woodford y Hall señalan que la estabilización por sí sola no asegura la reactivación económica; el consumo y la inversión dependen de la credibilidad, las expectativas y la confianza a largo plazo.

No es que los economistas premiados hayan cuestionado el programa que lleva adelante el ministro Luis Caputo, ni mucho menos. Más bien porque sus investigaciones ponen sobre la mesa una discusión que el equipo económico todavía no consigue resolver: ¿Alcanza con estabilizar las variables macroeconómicas para que la economía vuelva a crecer?

Woodford, de Columbia, es uno de los principales referentes de la nueva macroeconomía keynesiana.

Sus investigaciones muestran que los mercados no siempre se ajustan automáticamente y que las políticas monetarias pueden contribuir a reducir las fluctuaciones de la producción y el empleo.

Explican que no se trata de una reivindicación del gasto público indiscriminado. Mucho menos de una recomendación para que los gobiernos abandonen la disciplina fiscal.

La conclusión puede ser más sofisticada: la estabilidad de precios -con la baja de la inflación- es importante, pero las políticas económicas también deben considerar sus consecuencias sobre la actividad y el empleo, advierte en su teoría uno de los flamantes Nobel.

Mientras Hall, de Stanford, realizó contribuciones fundamentales para comprender las decisiones de consumo de las familias.

Uno de sus principales aportes fue demostrar que los hogares no deciden cuánto gastar exclusivamente en función de sus ingresos actuales, sino también de lo que esperan ganar en el futuro.

Ambos trabajos, desde tradiciones teóricas diferentes, permiten comprender por qué una economía puede estabilizar determinadas variables sin conseguir una recuperación inmediata.

En cambio, el Gobierno sostiene que el equilibrio fiscal y la estabilidad monetaria constituyen las bases indispensables para recuperar el crecimiento.

Pero el problema subsiste cuando esa estabilidad no consigue traducirse en una mejora de los ingresos, del consumo y del empleo de calidad.