La primera noche fuera de casa marca un antes y un después para muchos niños. Ya sea en casa de los abuelos, de un amigo o durante un campamento, dormir lejos de los padres por primera vez suele afrontarse con una mezcla de ilusión, curiosidad e inseguridad. La experiencia puede convertirse en un paso importante hacia la autonomía, siempre que el menor se sienta preparado y cuente con una base de confianza y seguridad. La emoción de compartir esa experiencia con otras personas puede convivir con el temor a alejarse de su entorno habitual y no estar con los padres en su lugar seguro. Seguir leyendo