La pobreza volvió a mostrar un leve deterioro en el inicio de 2026, después de varios meses de descenso. Durante el primer trimestre, el 30% de la población quedó por debajo de la línea de pobreza y el 6,5% no alcanzó a cubrir la Canasta Básica Alimentaria. En relación con el trimestre anterior, las tasas aumentaron 0,1 y 0,4 puntos porcentuales, respectivamente.
El dato también refleja una dificultad más profunda: tener un empleo ya no garantiza, por sí solo, que los ingresos de una familia alcancen para cubrir sus necesidades. Entre el tercer trimestre de 2025 y el primero de este año, unas 1,3 millones de personas más quedaron por debajo de la Canasta Básica Total, según las estimaciones del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA).
Una de las principales causas fue la pérdida de poder adquisitivo. Entre enero y marzo, la Canasta Básica Alimentaria aumentó 11,6% y la Canasta Básica Total, 9,6%, mientras que el índice salarial general avanzó 8,6%. Para los trabajadores registrados, el incremento fue todavía menor, de 7%.
El mercado laboral tampoco ofreció una mejora suficiente. Aunque las tasas generales de empleo y desempleo tuvieron pocos cambios respecto del primer trimestre de 2025, la subocupación creció 1,1 puntos porcentuales y la informalidad aumentó 2,2 puntos. Así, el 44,2% de las personas ocupadas quedó dentro de alguna forma de empleo informal.
La consultora Empiria encontró un deterioro entre los trabajadores de todas las categorías. En promedio, la proporción de ocupados pobres pasó del 18% al 20% entre el cuarto trimestre de 2025 y el primero de 2026. El impacto fue mayor entre los cuentapropistas informales: la pobreza llegó al 42%, dos puntos más que en el semestre previo. Entre los asalariados no registrados, pasó del 30% al 33%.
La situación también afectó a quienes cuentan con empleos formales, aunque en menor medida. La pobreza alcanzó al 11% de los trabajadores privados registrados y al 9% de los empleados públicos formales. Entre los cuentapropistas, llegó al 20%.
EL EMPLEO
Para el ODSA, el problema no se limita a la cantidad de puestos de trabajo. El organismo advierte que la expansión de empleos informales, de baja remuneración o con pocas horas de trabajo redujo la capacidad del mercado laboral para sostener los ingresos familiares por encima de las líneas de pobreza e indigencia.
A esto se sumó una recuperación desigual de los ingresos. En términos nominales, aumentaron 35,6% en un año, por encima de la variación de las canastas. Ese resultado ayuda a explicar que la pobreza siga por debajo de los niveles de un año atrás. Sin embargo, la desigualdad creció: el coeficiente de Gini pasó de 0,435 a 0,442.
l incremento promedio de los ingresos, por lo tanto, no tuvo el mismo efecto en todos los hogares.
También pesaron la desaceleración de la actividad y el aumento de los gastos fijos. El Producto Bruto Interno creció 2,3% interanual en el primer trimestre, frente al 5,8% del mismo período de 2025. La industria manufacturera cayó 1,7% y la administración pública, 1,4%. Al mismo tiempo, las tarifas de energía, el transporte y los alquileres registraron aumentos que presionaron con fuerza sobre los presupuestos familiares.
Las transferencias sociales tampoco lograron compensar por completo ese efecto. Jubilaciones, pensiones y asignaciones tienen ajustes con rezago respecto de la inflación, lo que reduce su capacidad para sostener el consumo cuando los precios suben.
Las perspectivas para los próximos meses son moderadas. Leopoldo Tornarolli, investigador del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, estima que la pobreza tendrá pocos cambios respecto del primer trimestre, aunque permanecerá por encima del nivel de fines de 2025.
Agustín Salvia, director del ODSA, proyecta una tasa cercana al 32% o 33% para el segundo trimestre. Luego podría aparecer una mejora por el efecto del medio aguinaldo y las actualizaciones de jubilaciones y de la Asignación Universal por Hijo. Para el cierre del año, sin embargo, considera difícil que la pobreza baje del 33%, un nivel que identifica como un piso estructural de la Argentina.
Lorenzo Sigaut Gravina, de Equilibra, también espera un primer semestre con mayor pobreza. Su estimación, basada en una actualización de la canasta con criterios de gasto de los hogares y una corrección de los ingresos declarados, ubica el indicador en 43,5% entre octubre de 2025 y marzo de 2026. Para la segunda mitad del año prevé estabilidad, con variaciones acotadas, porque los mayores aumentos de alimentos y energía ya habrían quedado atrás. Pero advierte que el margen para una recuperación fuerte de los salarios reales sigue siendo reducido.
El escenario deja así una señal clara para los hogares: aun con crecimiento económico y empleo, la combinación de salarios rezagados, mayor informalidad y gastos esenciales más altos mantiene elevada la vulnerabilidad de una parte importante de la población.