Caminar por la ciudad de La Plata no es lo mismo después de escuchar a Alberto Fonticelli. El historiador, licenciado en Ciencias Políticas y divulgador, se define como un enemigo de las teorías conspirativas, pero reconoce que la capital de la provincia de Buenos Aires es, básicamente, el sueño húmedo de cualquier buscador de símbolos ocultos.
En diálogo con Adrián Belinche en una entrevista exclusiva para Infocielo Play, desglosó el mapa platense para demostrar que, más que una ciudad, lo que Dardo Rocha y Pedro Benoit (entre otris muchos) construyeron, fue un templo masónico a cielo abierto.
“La Plata es la ciudad masona de Argentina”, afirma con la seguridad de quien conoce cada baldosa. La particularidad local, según el especialista, es que fue diseñada hasta el último detalle antes de colocar un solo ladrillo. Y como todos sus fundadores eran masones, la ciudad nació con una impronta simbólica que hoy, a 144 años, sigue más viva que nunca.
Fonticelli está a punto de lanzar su nuevo libro La masonería: Historia y origen, y sostiene que no se trató de una “evangelización masónica”, sino de una forma de dejar algo establecido simbólicamente.
Es una ciudad planificada, similar a Washington D.C., donde las diagonales y los espacios no son fruto del azar, sino de una lógica que busca construir edificios pero también, y sobre todo, personas.
El templo ‘a cielo abierto’
El trazado platense nada tiene de caprichoso. Un eje fundacional marca la ciudad de Occidente a Oriente, exactamente igual a como se orientan los templos masónicos. “En el templo masónico entrás por Occidente y en el Oriente está la sabiduría, donde se ubica el venerable maestro”, detalla Fonticelli.
En La Plata, este eje se traduce en una coreografía institucional: todos los edificios públicos locales tienen sus puertas mirando hacia el Occidente. Es un camino simbólico que comienza en la seguridad (2, 51 y 53) y el poder político (12 entre 51 y 53), pasa por el arte (10 entre 51 y 53) y termina, paradójicamente, frente a la Catedral (14 entre 51 y 53). Si se observa el eje de tales calles, se puede ver la progresión completa: “Tenemos seguridad, poder, gobierno, arte y Dios al final”.
Esta disposición genera una tensión arquitectónica fascinante. En el centro geográfico, la Municipalidad y la Catedral se miran de frente, mediadas por la Plaza Moreno. Allí, en 1982, se abrió la ”cápsula del tiempo fundacional‘ y, entre medallas y actas, se encontraron las huellas materiales de las logias que colaboraron con la creación de la ciudad.
Geometría sagrada en 51 y 1
Para ver la escuadra y el compás en el mapa, solo hace falta un poco de perspectiva y las coordenadas correctas que Fonticelli maneja a la perfección.
El “punto cero” se ubica en la entrada del Bosque, en 1 entre 51, y 53, donde se encuentra una piedra blanca rodeada de cadenas. Esa es la piedra bruta, dice: en la simbología masónica, representa al hombre que debe ser pulido mediante la inteligencia y la fuerza para convertirse en un cubo perfecto que encaje en una mejor sociedad.
La escuadra y el compás en el mapa de La Plata
Desde ese mojón, la ciudad se abre en herramientas geométricas gigantes. Si se trazan las diagonales 73, 74, 79 y 80, se forma una escuadra perfecta. Por otro lado, las diagonales 77 y 78 dibujan el compás, cuyos extremos llegan hasta el Parque Saavedra y las inmediaciones de la Plaza Belgrano.
Incluso los mitos urbanos sobre lo “satánico” de las plazas cada seis cuadras tienen, para el historiador, una explicación más terrenal.
Descarta el número de la bestia (666) y apunta al higienismo: La Plata se inspiró en ideas de ciudades abiertas y libres, similares a la “France-Ville” de la novela de Julio Verne, Los 500 millones de la Begum. La idea era crear una urbe saludable, ventilada y llena de espacios verdes, lejos del hacinamiento de las ciudades medievales.
El libro del que habría encontrado inspiración Pedro Benoit para el trazado de La Plata
El “Photoshop” del siglo 19
La historia de La Plata también tiene sus momentos de “inteligencia artificial” analógica. Fonticelli relata una anécdota desopilante sobre el cuadro de la fundación de la ciudad. Dardo Rocha, que tenía aspiraciones presidenciales, quería que el acto de 1882 fuera una demostración de poder político absoluto, pero sus rivales (como el entonces Presidente de la República, Julio Argentino Roca) decidieron pegarle el faltazo.
“Rocha, ¿qué hace? Dice: ‘No vinieron, pero yo tengo que dejar constancia de que estuvieron’”, cuenta entre risas. Entonces, el gobernador contrató a un pintor italiano para que retratara el momento y le ordenó que pintara a todos los que deberían haber estado, incluyendo a Roca, Sarmiento y Avellaneda. Fue el primer gran montaje político de la ciudad, donde incluso el pintor se autorretrató mirando al espectador, al mejor estilo de los grandes maestros clásicos como Velazquez.
La pintura “fake” de la Fundación de La Plata
A pesar de las ausencias reales, el espíritu masónico estaba presente en cada detalle. Rocha pertenecía a la Logia Constancia N° 7 , y aunque la Iglesia Católica ha mantenido históricamente una postura de excomunión hacia los masones, la masonería no es una religión ni es necesariamente antirreligiosa. “La Iglesia está peleada con la masonería, pero los masones no están peleados con la Iglesia”, sentencia Fonticelli, recordando que figuras como San Martín o el mismo Dardo Rocha descansan hoy en catedrales.
Presidentes, sotanas y excomunión
La influencia de la “hermandad” en el poder argentino es innegable. Catorce presidentes argentinos fueron masones, llegando hasta la figura de Agustín P. Justo, confirma Fonticelli. Incluso se debate sobre figuras como Perón y Alfonsín; mientras algunos grandes maestres aseguran su pertenencia, él mantiene la cautela académica ante la falta de actas de trabajo en logias, más allá de títulos honoríficos recibidos en el exterior.
Ilustres Masones argentinos
Lo que sí es una certeza para el historiador es el rol de los masones en las leyes fundamentales del país. Desde la Ley 1420 de educación, hasta la reforma universitaria y, más recientemente, la ley de matrimonio igualitario, el principio del libre pensamiento masónico permeó la legislación argentina. “La masonería no tiene problema con la homosexualidad ni con la religión, se rige por la libertad absoluta de pensamiento”, sostiene.
Esa libertad, sin embargo, convivió siempre con el secreto. Este “misterio” nació originalmente como una autoprotección frente a la Inquisición y las tiranías, donde pensar diferente podía llevarte directo “al horno”.
Hoy, aunque ya no hay hogueras, el prejuicio persiste: “Si sos una persona joven y saben que sos masón, no sé si ese prejuicio no te perjudica al buscar trabajo”, reflexiona sobre la actualidad de la orden.
El Lobo tiene sangre masónica
Si hay algo que toca la fibra emocional de los platenses es el fútbol, y ahí aparece un dato que hace vibrar a la mitad de la ciudad: Gimnasia y Esgrima La Plata tiene un origen puramente masónico. Fundado solo cinco años después de la ciudad, sus principales creadores pertenecían a la Logia La Plata 80.
“Saturnino Perdriel, el primer presidente, era masón”, confirma Fonticelli. Pero no solo él; la lista de socios fundadores y directivos iniciales está plagada de nombres que se reunían bajo la escuadra y el compás, incluido el propio Pedro Benoit.
Escudo original del Club de Gimnasia y Esgrima La Plata
Antiguamente, el club incluso lucía símbolos que remitían a la masonería, como el piso de damero (blanco y negro), que representa la diversidad y la convivencia de opuestos.
El damero es una marca registrada que se repite en los edificios más antiguos de la ciudad diseñados por masones, como el Pasaje Dardo Rocha. “Es seguro que siempre la masonería deja algo puesto en algún lugar para que lo veas”, dice el historiador, subrayando que en La Plata esas señales son, en realidad, un grito silencioso que atraviesa la arquitectura.
Piso “Damero” del Pasaje Dardo Rocha
¿Hay masones en el Congreso?
Al cerrar la charla con Belinche, Fonticelli deja picando la idea de que la masonería está lejos de ser una pieza de museo. Según él, es más una fuerza activa. “Hay diputados masones hoy, y los hay en todos lados”, asegura.
Aunque el código de ética masónico le prohíbe revelar quiénes son sus hermanos si ellos no lo hacen público, confirma que el trabajo de las logias deliberativas sigue traduciéndose en proyectos de ley y debates actuales.
Mientras la ciudad sigue creciendo, la masonería platense también lo hace. Actualmente se está construyendo un nuevo gran templo en la ciudad, un edificio estratégico que busca emular la importancia del Palacio Cangallo en Buenos Aires. Hace apenas unos meses se colocó la piedra fundamental con la presencia de las máximas autoridades de la Gran Logia.
Palacio Cangallo, CABA
La Plata sigue siendo ese enigma cuadriculado donde, según Fonticelli, se busca construir “espiritual e intelectualmente a la persona para lograr una mejor sociedad”.
Con su nuevo libro pronto a estar en las librerías y disponible online, Alberto Fonticelli promete seguir puliendo esa “piedra bruta” que es la historia oculta de los platenses, demostrando que en la ciudad de las diagonales, nada es lo que parece a simple vista.
La nota La Plata: los secretos masónicos de una ciudad diseñada como un templo gigante se publicó primero en Infocielo. Escrita por Redacción Infocielo
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