Pocos engaños más descarados que la palabra apuesta. Algunas se creen que lo son y nos hacen reír: lo mismo les pasa a tantas mujeres, tantos hombres. Y encima dependen de la moda, como casi todo: la palabra apuesta de ayer es la cursi de hoy —hablemos de crisálidas, firmamentos, surrealista y otras horteradas. Pero no nos dejemos llevar por las palabras y sus trucos malos: hoy no queremos hablar de la palabra que se cree apuesta; queremos hablar de la palabra apuesta.

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