A pesar de que el brote en la República Democrática del Congo es el segundo más mortal de la historia y el de más rápida propagación, la agencia sanitaria mundial sigue creyendo en las posibilidades de controlarlo en el plazo anunciado originalmente, si se dan las condiciones para ello. Pero esos parámetros aún no se cumplen: la recaudación se ha quedado corta y los esfuerzos por contener la difusión se ven obstaculizados por los conflictos armados y la rareza de la variante actual.