Durante dos meses con algunos días, de finales de febrero a comienzos de mayo, di dos cursos de literatura latinoamericana en la Universidad de Sciences Po, en París. Terminadas las clases, la universidad me pidió que hiciera una breve reflexión pública sobre esa actividad que me sigue pareciendo todo menos normal: la de asistir, a través de las palabras de los otros, al misterio de vidas inventadas.
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