Hace unos días, España ganó el Mundial. Como tantos, vi el partido con emoción. Pero, cuando terminó, me sorprendió descubrir que no era el gol del minuto 106 lo que seguía dándome vueltas a la cabeza. Era otra cosa.
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Hace unos días, España ganó el Mundial. Como tantos, vi el partido con emoción. Pero, cuando terminó, me sorprendió descubrir que no era el gol del minuto 106 lo que seguía dándome vueltas a la cabeza. Era otra cosa. Seguir leyendo
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Hace unos días, España ganó el Mundial. Como tantos, vi el partido con emoción. Pero, cuando terminó, me sorprendió descubrir que no era el gol del minuto 106 lo que seguía dándome vueltas a la cabeza. Era otra cosa.
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