El susto ha sido breve pero intenso. El Nasdaq entró el miércoles en corrección tras acumular un descenso superior al 10% desde sus máximos, alcanzados a mediados de junio, aunque el rebote de la recta final de la semana le ha permitido salir de ese terreno pantanoso. Ha sido la primera corrección desde marzo, tras el batacazo de la guerra en Irán y la escalada del petróleo. Cuatro meses más tarde, el crudo se ha estabilizado y, pese al repunte de las últimas semanas que le ha devuelto sobre los 90 dólares el barril, sigue lejos de los 120 dólares del inicio del conflicto. Pero el derrumbe momentáneo del Nasdaq ha desempolvado recientes y viejos temores. Los más recientes, la inquietud que recorre parte del mercado sobre los excesos que acumula la inversión en inteligencia artificial y las dudas sobre su rentabilidad. Y a ese temor se ha añadido estos días un viejo conocido y temible enemigo para las tecnológicas estadounidenses: la IA china de bajo coste. Más de un año después de que DeepSeek costara a Nvidia la mayor pérdida de valor bursátil en una sola sesión de la historia (561.000 millones de euros), la nueva ofensiva china abarca toda la cadena de valor de la IA, desde los modelos de lenguaje hasta la fabricación de chips, y ha provocado una nueva sacudida en el sector tecnológico. Un motivo más para detenerse a pensar en si se acerca el momento de la verdadera corrección.
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