La hija menor de Bill Gates, Phoebe Gates, quedó en el centro de una polémica judicial y mediática por las prácticas de Phia, la startup que cofundó. La empresa fue señalada por presuntamente utilizar una técnica conocida como “cookie stuffing”, que podría haberle permitido cobrar comisiones por ventas online generadas por otros sitios.
El sistema de afiliados funciona cuando una plataforma, página o creador deriva a un comprador hacia una tienda y recibe una comisión por esa operación. El problema aparece cuando una empresa coloca o modifica una cookie de seguimiento sin que exista una interacción válida del usuario. De ese modo, puede atribuirse una venta ajena y quedarse con el dinero.
Según la investigación que puso el foco sobre Phia, su extensión podía abrir pestañas en segundo plano durante el proceso de compra e insertar su propio código de afiliado. Así, durante el checkout, podía desplazar la atribución a otras plataformas y obtener crédito por operaciones que no había generado.
¿FRAUDE ELECTRÓNICO?
La dimensión del caso creció por sus posibles consecuencias legales. Especialistas señalaron que determinadas maniobras de este tipo podrían ser investigadas en Estados Unidos bajo figuras de fraude electrónico federal, cuya pena máxima legal puede alcanzar los 20 años de prisión. Pero existe una diferencia clave: Phoebe Gates no fue acusada ni condenada a prisión por estos hechos.
Para llegar a una condena penal, los investigadores deberían demostrar, entre otros elementos, que hubo conocimiento e intención de cometer un fraude. Una sospecha o una investigación no equivalen a una sentencia.
Por ahora, el escenario también contempla posibles reclamos civiles, sanciones económicas y la restitución de fondos. La controversia pone bajo fuerte presión a una startup presentada como una apuesta tecnológica y empresarial y a su joven cofundadora.