Esta semana se han cumplido 25 años de una de las páginas más negras de la historia reciente italiana: la cumbre del G-8 de Génova entre el 19 y el 22 de julio de 2001. Mencionarla evoca de inmediato imágenes y hechos dramáticos. El primero, la muerte de Carlo Giuliani, de 23 años, aquel 20 de julio, por el disparo de un agente de los Carabinieri en medio de graves incidentes. También la brutal irrupción de la policía la noche del 21 en la escuela Díaz, donde pernoctaban grupos de manifestantes, y que además era el centro de prensa del Genoa Social Forum. Al menos 82 personas resultaron heridas, a golpes y porrazos. Escenas de “carnicería mexicana” o de “una matanza de atunes”, tal como dijo en el juicio uno de los agentes.
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