Hace unos días, este redactor se topó en las redes sociales con un primer plano de Elizabeth Taylor en Ivanhoe (1952), y ya no quiso ver otra cosa. Tanto como los rasgos sublimados de la actriz en su papel de la heroína medieval Rebeca de York, el espectáculo era el propio color. Los labios de un carmín casi irreal y los ojos lapislázuli con destellos violáceos adquirían una autoridad propia y dominaban el encuadre con una viveza hoy difícil de encontrar. Así que la pregunta fue inevitable: ¿cuánto tiempo hacía que no obtenía semejante encantamiento cromático en una sala de cine?
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