Jorge Remón
La reunión del viernes pasado, de dos horas, entre Javier Milei y la senadora Patricia Bullrich fue tal vez una conversación imprescindible después de que la presidenta del bloque libertario dijera: “No podemos tener la industria, la construcción y el comercio caídos y el petróleo y la minería muy elevados. Tenemos que compatibilizar los sectores”. Esos conceptos y las reiteradas muestras de independencia seguramente habían causado un malestar, que se intentó disimular en la Casa Rosada. Lo cierto es que el adelantamiento de las campañas electorales preocupó a numerosos dirigentes del oficialismo, que creen necesario dar muestra de que existe una luz en el horizonte.
En ese sentido, la preocupación de los industriales fue expresada claramente por el presidente de UIA del Gran La Plata, en un reportaje en el canal de YouTube del diario EL DIA. Sin dejar de reconocer que era necesaria una transformación y que la industria debía demostrar la capacidad de competir, afirmó que frente a eso la pesada carga impositiva en el orden nacional, provincial y municipal requiere cambios, si el objetivo es más inversión y más consumo. Hasta mencionó como muestra de las dificultades la exportación en negro de harina, que hasta hace poco tiempo estuvo facilitada por normas sin ninguna racionalidad.
La pérdida de trabajos registrados en el sector privado es un factor que incide en el descontento popular, tanto como la caída del poder adquisitivo de los asalariados, que naturalmente produce el achicamiento del mercado interno, cuya consecuencia directa es la reducción de ventas de fábricas y comercios.
Todas esas circunstancias quedaron oscurecidas por las discusiones y sentencias sobre la venta de tierras a extranjeros y las trabajosas negociaciones del Gobierno para evitar las PASO. A pesar de todos los esfuerzos, sufrió hasta la deserción del gobernador de Misiones, que recibió 25 mil millones de pesos extras, es decir, que no eran parte de los fondos que le corresponden por la Ley de Coparticipación. Aun beneficiado a ese punto, formuló reparos a la iniciativa que parece fundamental para el oficialismo. Mas aun, todavía le faltaría lograr el apoyo de tres senadores del PRO que, por supuesto, si responden al liderazgo de Mauricio Macri impondrán condiciones vinculadas a las negociaciones en varios distritos y especialmente en la Capital Federal para la conformación de una eventual alianza entre el PRO y los libertarios.
EL TRIUNFO DE BOLSONARO
El triunfo de Bolsonaro fue exhibido como una muestra del avance de las nuevas derechas en América Latina. Sin embargo, influyen factores locales no ideológicos como el error del presidente Lula cuando criticó severamente la actuación de la policía militar en Río de Janeiro, que enfrentó por su decisión a las poderosas bandas de los narcos. Convirtió la seguridad en uno de los temas en la campaña electoral. En ese aspecto la irritación de la clase media le costó muchos votos, según las encuestas que se hicieron después de los comicios.
Por otra parte, durante el periodo presidencial de Bolsonaro, padre del actual candidato, la política económica fue muy diferente a la de Milei. Los poderosos industriales de Sao Paulo y otros estados del sur suelen tener una influencia mucho mayor que sus iguales de la Argentina. Además, en el plano internacional la alianza con Estados Unidos no significó en ese tiempo un cambio en las relaciones con China. Se trata de políticas de Estado que en el plano internacional han sido estables y llevadas a cabo con eficacia por los diplomáticos profesionales de Brasil, cuyo desempeño es respetado también porque son una avanzada de las industrias exportadoras.
Ambos factores no ocultan que Brasil debe liderar un Mercosur más amplio para poder negociar con Europa, ahora unida con Canadá, a fin de formar un bloque que pueda ser tentador para terceros como la India, con 1.400 millones de habitantes, que ha sido castigada por Trump, pero sus litigios fronterizos con Pekín no le inclinarían a ir más allá de limitados acuerdos con la superpotencia de Asia.
LA “DERECHIZACIÓN”
La realidad indica que la “derechización” es una reacción ante la inseguridad como ocurrió en Chile y Colombia, por ejemplo, e incidirá en las grandes concentraciones urbanas de la Argentina sin que eso signifique que el proceso de desindustrialización no tenga consecuencias en el voto ciudadano.
El adelantamiento de las campañas electorales preocupó a dirigentes del oficialismo
En cada nación las situaciones son muy diferentes, en Perú desde el 2006 Julio Emilio Velarde es presidente del Banco Central de Reserva y actualmente su mandato vence recién en el 2031; en ese mismo espacio de tiempo fueron presidentes de la República 11 personas. En la Argentina es difícil imaginar un Presidente del Banco Central que no sea nombrado a propuesta del presidente de la República y que a lo sumo esté en su cargo el mismo tiempo que quien elevó su nombre al Senado.
Si bien en Lima habrá cambios y Fujimori puede ser calificada de derechista, la relación con China no sufrirá ningún cambio. Es que el puerto más grande de Sudamérica sobre el pacifico se inauguró de manera virtual en un acto con la participación protagónica del presidente Xi Jinping. Seguramente será el lugar de embarque de las exportaciones brasileñas, con Lula o Bolsonaro presidente, a Asia.
Todas esas circunstancias parecen ignoradas mientras la dirigencia política argentina comienza a discutir candidaturas.