En algunos barrios de Yaundé, capital de Camerún, ya se escuchan los cantos de las eucaristías de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Su presencia, a más de 8.000 kilómetros de Moscú, no es casualidad. Camerún y Rusia establecieron relaciones diplomáticas en 1964. Y aunque en los últimos años la estrategia de influencia en el país africano se ha centrado en la seguridad, Moscú recurre ahora a un canal más discreto: la religión. Hoy en día, la Iglesia Ortodoxa Rusa está plenamente asentada en Camerún y combina diplomacia, educación religiosa, medios de comunicación y cooperación cultural en una estrategia cuidadosamente diseñada para proyectar la influencia del Kremlin.
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