El brillo de una Copa del Mundo suele encandilar, pero no siempre ilumina el comercio legal. En los pasillos silenciosos de los centros de distribución e inspección aduanera en Estados Unidos y Canadá, el movimiento en los escáneres y las mesas de revisión delató una marea textil ilegítima: miles de hilos, escudos bordados sin licencia y estampados de dudosa calidad listos para abastecer la fiebre futbolera.
Bajo la “Operación Silbato Final”, los agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) desplegaron un operativo quirúrgico para interceptar el contrabando antes de que invadiera las calles. El balance de la redada fue masivo: más de 445 mil artículos falsificados asegurados, una montaña de camisetas de selecciones nacionales y merchandising sin registro oficial cuyo valor comercial se estima en 32 millones de dólares. Una cifra que deja al descubierto la colosal escala del mercado negro que también florece al amparo de las grandes citas deportivas.
En medio de toneladas de indumentaria incautada, una prenda en particular se convirtió en el trofeo indiscutido de los falsificadores. Frank Russo, director de Operaciones de Campo de la CBP en Nueva York, confirmó lo que en las tribunas es un secreto a voces: la camiseta de Lionel Messi fue la más repetida entre el material apócrifo, impulsada por la devoción global que despierta el astro argentino.