Durante casi un siglo, la Copa del Mundo, uno de los activos deportivos más rentables del mundo, ha permanecido en manos de una organización sin ánimo de lucro. Una condición a punto de desaparecer si sale adelante el plan del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, de privatizar el Mundial a través de una compañía que gestione sus derechos y abra la puerta a inversores privados. Con su propuesta, Infantino ha desatado un terremoto político e institucional en toda regla y lanza un órdago al modelo de fútbol mundial tal y como lo conocemos hasta ahora.
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