A quienes acuden hoy con unción a los conciertos de música antigua (casi en exclusiva barroca, que minimiza y eclipsa en las programaciones al repertorio renacentista, por no hablar del medieval) les dirá probablemente muy poco el nombre de David Munrow. Tan solo los aficionados de muy largo recorrido e inquietudes que traspasen las fronteras de las imposiciones y las modas del mercado sabrán quién fue y, sobre todo, qué hizo. La reedición de más de una veintena de sus discos, la mayoría inencontrables desde hace años, invitan a recordar al genio y a rescatarlo de ese oscuro e injusto lugar donde habita el olvido.

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