Mientras la atención gubernamental se ha centrado principalmente en ciudades como Cali o Pereira, en regiones remotas como Quibdó o San Juan, o incluso en el principal puerto de Colombia, Buenaventura, las consecuencias del terremoto del 10 de agosto han derivado en un colapso de la atención sanitaria, como relatan desde el terreno fuentes que han conversado con France 24.