Las primeras horas tras el terremoto de magnitud 7,4 son una carrera contra el tiempo: mientras familiares, voluntarios, bomberos, policías, soldados y equipos especializados remueven toneladas de concreto y acero retorcido, decenas de personas continúan desaparecidas y la esperanza se aferra a cualquier sonido que pueda indicar que alguien sigue con vida. Las operaciones se concentran en ciudades como Cali, Pereira, Manizales y Quibdó, en el occidente de la nación, en medio de la probabilidad de que aumente el número de víctimas mortales tras el sismo más potente que ha azotado el país en décadas.