El zumbido era el recurso más popular en Messenger para exigir la atención de un contacto. Para quienes eran demasiado jóvenes o mayores en los dos mil como para haberlo usado, esta molesta pero divertida función de interacción hacía vibrar la ventana del chat de su destinatario y emitía un sonido difícil de ignorar. Si esto no funcionaba, siempre se podía mandar una animación que esta red social calificaba como “guiño”. El más famoso era el de un cerdito que hacía twerking en medio de la pantalla, pero también había una rana que eructaba, un chaval que reventaba una guitarra y unos labios que emitían un sonoro beso, entre otros. El mítico zumbido se fue para no volver, pero los guiños podrían considerarse los precursores de los emojis, gifs y stickers que ahora inundan nuestros chats. La diferencia es que lo que antes era limitado ahora ofrece infinitas posibilidades, hasta pasar de ser un chistoso complemento del lenguaje a convertirse, en muchos casos, en el lenguaje en sí.

Seguir leyendo