Se está convirtiendo en una tradición que los miembros de las realezas europeas pongan en alquiler algunas de sus propiedades. De esto sabe, y mucho, el rey Carlos III, que ofrece experiencias para todos los gustos —aunque no para todos los bolsillos— por todo el Reino Unido. Desde celebrar una boda en la gran casa de campo que la familia real británica tiene en Escocia hasta experiencias gastronómicas e incluso conocer de cerca algunas de las estancias privadas de los Windsor. Ahora, el que se ha sumado a la tendencia de sacar rédito económico de las propiedades de la realeza es el príncipe Haakon de Noruega.
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