Hay creadores que frecuentemente te provocan admiración e incluso el éxtasis cuando algunas de sus obras te regalan un montón de sensaciones impagables. Pero también surgen algunos a los que simplemente les amas. A mí me ocurrió desde la primera vez que les vi actuar y dirigir con un tal Joseph Frank Keaton, alias Buster Keaton. Es probable, aunque también indeseable, que entre la gente joven y los niños no le conozca nadie. No saben lo que se pierden. Pero durante más de una década, y concretamente entre 1923 y 1928, rodó ocho películas que fueron, son y serán obras maestras.

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