Francia ha abierto el camino. Al aprobar la ley que prohíbe el acceso de quienes no hayan cumplido los 15 años a las redes sociales, el Parlamento francés ha convertido a este país en el primero en Europa en adoptar una medida clave ante unos riesgos crecientes y fuera de control. Las plataformas están diseñadas para someter la atención de los usuarios con estímulos constantes y resultan especialmente dañinas cuando, en el caso de los menores, actúan sobre un cerebro en desarrollo. Las nuevas restricciones, impulsadas por el presidente Emmanuel Macron, envían una señal necesaria a los gigantes tecnológicos: no todo vale, ni siquiera en este terreno que hasta ahora carecía de reglas, y sobre el que los poderes públicos todavía tienen margen de actuación.

Seguir leyendo