El pasado mes de julio, el director del Mossad, Roman Gofman, destituyó a dos de los funcionarios de mayor rango de la agencia: el jefe de la Dirección de Inteligencia, que había sido nombrado en diciembre anterior, y el jefe de la División de Irán. Oficialmente, las salidas se presentaron como un acuerdo mutuo y se atribuyeron a una falta de afinidad con Gofman, pero fuentes de seguridad israelíes confirmaron que los ceses estaban directamente relacionados con el fracaso de un plan para derrocar al gobierno de Irán, y que Gofman exigió que ambos asumieran la responsabilidad por ese fallo, a pesar de que el plan nunca llegó a ejecutarse por completo. Ese proyecto, conocido internamente como "Puss in Boots" o "El Gato con Botas", fue una operación de una magnitud mucho mayor de lo que inicialmente se había filtrado. Se desarrolló durante aproximadamente un año, contó con un presupuesto de mil millones de séqueles, equivalentes a unos 344 millones de dólares, y movilizó a cientos de agentes. El plan fue presentado al entonces presidente Donald Trump, pero fuentes señalaron que Estados Unidos detuvo la guerra demasiado pronto, impidiendo que se completara la fase militar terrestre que era clave para el éxito de la operación.

En cuanto a la estrategia sobre el terreno, el plan contemplaba que Israel lanzara ataques contra posiciones de la Guardia Revolucionaria en la frontera entre Irán e Irak, con el objetivo de abrir una brecha por la que avanzarían combatientes kurdos. Se esperaba que miles de kurdos se unieran a esos combatientes, generando un movimiento de masas que llegara hasta Teherán y propiciara un levantamiento popular que derrocara al régimen. Sin embargo, ese avance fue frenado por la intervención de Estados Unidos, debido a filtraciones y a las presiones internacionales, especialmente de Turquía. De forma paralela, el Mossad habría suministrado a grupos kurdos armas incautadas previamente a Hamás y Hezbolá, con el fin de debilitar la influencia iraní en la región.

El componente político del plan era igualmente ambicioso, ya que buscaba instalar al expresidente iraní Mahmoud Ahmadineyad como nuevo líder del país. Para ello, el Mossad mantuvo contactos con Ahmadineyad desde 2023, utilizando conferencias celebradas en Budapest, Hungría, como tapadera para reuniones secretas, algunas de las cuales contaron con la participación del entonces director de la agencia, David Barnea. La operación culminó en febrero de 2026 con un intento de extraer a Ahmadineyad de Teherán, pero este perdió la confianza en el proyecto y abandonó el refugio donde lo ocultaban. Como consecuencia, la inteligencia iraní descubrió sus contactos con Israel y actualmente se encuentra bajo arresto domiciliario.

El fracaso del plan se debió a varios factores. Por un lado, la falta de apoyo estadounidense, ya que Trump frenó la ofensiva militar contra las fuerzas iraníes, impidiendo que la fase terrestre se ejecutara. Por otro lado, dentro de Israel no existía consenso: altos cargos de inteligencia y militares se opusieron al proyecto, y el propio jefe del Estado Mayor ordenó detenerlo días antes del inicio, aunque el primer ministro Benjamín Netanyahu decidió seguir adelante. Finalmente, el fallido reclutamiento de Ahmadineyad selló el desenlace. Todo esto llevó a que Gofman, que había asumido el cargo tras la salida de Barnea, aprovechara la situación para afirmar su autoridad y reemplazar a las figuras leales a su predecesor, materializando así los ceses de los dos altos cargos. En resumen, el plan "Puss in Boots" no fue una mera operación de inteligencia, sino una estrategia a gran escala que combinó acciones militares con un intento de cambio de régimen mediante el reclutamiento de Ahmadineyad, y su fracaso derivó en una reestructuración de la cúpula del Mossad bajo el nuevo liderazgo de Roman Gofman.

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