Dentro de dos semanas la presidenta presentará su segundo informe de gobierno. Transcurridos dos años del sexenio (en realidad 22 meses, pues entró un diciembre), ya hay materia para observar algunas fortalezas y debilidades de su gestión. Y digo algunas porque, en varios casos, es demasiado pronto para que los cambios introducidos arrojen resultados categóricos en un sentido u otro. Es el caso de Salud y de Educación: están en marcha una batería de programas fundantes y refundantes, a la par que persisten múltiples incidentes de mal funcionamiento. Tomará tiempo saber si Sheinbaum consigue avanzar sustancialmente en lo que podría convertirse en la mayor apuesta de su gobierno.
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