El periodista, escritor y columnista de LA NACION arma sin vacilaciones su "combo" de recomendados para los días en casa (que bien pueden disfrutarse en cualquier otra temporada), empezando por una invitación a la relectura de un artículo del archivo de Hugo Beccacece, a quien Fernández Díazllama "el Proust de las crónicas culturales argentinas". Dice: "Heredero de la gran tradición de Manuel Mujica Lainez –otro colaborador del diario– ha redactado piezas magníficas para la revista del domingo, ha dirigido el legendario suplemento literario y fue el brillante jefe de redacción de AdnCultura. En cada una de esas escalas produjo artículos antológicos, que se reunieron en dos libros muy celebrados: La pereza del príncipe y Pérfidas uñas de mujer. Elijo entre tantas, una crónica asombrosa por su delicadeza y originalidad que se llama ‘Vestir los sueños’ y que trata sobre el vestuarista Piero Tosi, a quien visitó en Italia".
Por supuesto, el autor de Mamá y El puñal recomienda un par de relatos de dos escritores superconsagrados y supuestamente antagónicos, que dejaron cantidad de cuentos para deleitarnos: Jorge Luis Borges y Ernest Hemingway. Y recuerda una aventura periodística y musical que lo lleva a recomendar con muy buenos argumentos un disco de Diego El Cigala grabado en Buenos Aires.
En pantalla, Fernández elige algunas series, como The Sinner y Maigret. Sobre esta última, cuenta: "Hay muchas versiones del gran detective de George Simenon, como la de Jean Gabin. Pero me saco el sombrero por el trabajo de Rowan Atkinson, a quien solo conocía por Mr. Bean, protagonista de esta coproducción británico-francesa que reproduce las calles parisinas de los años 50 y recrea magníficamente los ambientes y personajes de Simenon".
LIBROS
Borges y Hemingway, Cuentos que ponen en juego el destino y el coraje
A la hora de los relatos de ficción, Fernández Díaz sugiere la lectura de dos cuentos de escritores supuestamente antagónicos: "Borges, de hecho, odiaba a Hemingway. No le hubiera disgustado, sin embargo, ‘El viejo y el mar’ y algunos de sus relatos cortos. ‘La breve vida feliz de Francis Macomber’ es la historia de un hombre rico que contrata a un cazador profesional para un safari en el África, y ante la mirada de su esposa tiene un acto de cobardía que lo cambia todo. ‘El encuentro’, de Borges, trata, en cambio, de dos hombres pacíficos que de pronto se enredan en un duelo a muerte. En ambos está en juego el coraje y el destino".
Dónde leerlos. Estos relatos están incluidos en los libros Ernest Hemingway, Cuentos (Debolsillo) y El informe de Brodie, Jorge Luis Borges (Sudamericana).
MÚSICA
Cigala & Tango. El testimonio de un show inolvidable en Buenos Aires
"A Diego Cigala lo llaman ‘el Sinatra del flamenco’. Hace unos años decidió unir el cante jondo con el tango, viajar a Buenos Aires con sus músicos, ensayar con instrumentistas argentinos de primer orden y grabar en vivo esa experiencia en el Gran Rex. Un triple salto mortal", recuerda Jorge Fernández Díaz, a quien el diario El País, de Madrid, le encomendó entonces escribir sobre esa aventura, que duró veinte días. "La crónica, por decisión de Cigala, forma parte del book de ese disco increíble. Se denomina "Canciones que hacen daño", porque el Cigala cree que tanto el tango como el flamenco tratan de lo mismo: del dolor de la vida. Es una mixtura fascinante", recuerda el periodista.
Ganador de un premio Grammy (2011), el álbum abarca el repertorio clásico y contemporáneo, con canciones como "Garganta con arena" y "El día que me quieras", tangos como "Nostalgias" y "Tomo y obligo", una versión de la zamba "Alfonsina y el mar", y una bulería de bonus track, "El chorrito", entre otros temas. Además de la voz de El Cigala en este testimonio de aquel show que Fernández invita a rememorar están Andrés Calamaro, Néstor Marconi y Juanjo Domínguez, además del grupo que habitualmente acompaña al cantaor. Dónde escucharlo. Disponible en Spotify y en CD
SERIE
The Sinner
"Recomiendo principalmente la tercera temporada, cuyo núcleo argumental está basado en Nietzsche. Como La soga, de Hitchcock, dos estudiantes se obsesionan con sus textos y quieren llevar a la práctica el Superhombre. Bill Pullman interpreta al detective más vulnerable y dañado de la historia del noir". Dónde verla. Disponibles las tres temporadas en Netflix
CINE
Más corazón que odio
"Considerada por algunos críticos la mejor película de todos los tiempos, la dirigió, con ternura y salvajismo, John Ford (1956). Trata sobre un racista y un mestizo que buscan a una cautiva de los comanches. La vi cien veces con mis padres en ‘Sábados de Cine de Super Acción’ sin saber que estaba viendo un clásico", cuenta Fernández. Dónde verla. Para alquiler, disponible en YouTube
LECTURAS
El arte y la moda. Vestir los sueños
Piero Tosi, el diseñador de cine y teatro que creó la imagen de Maria Callas, Sofia Loren y Silvana Mangano, entre otras figuras, cuenta cómo trabajaban Visconti, Fellini y Pasolini, y revela la intimidad de un mundo regido por la búsqueda de la belleza. La nota completa, que fue publicada el 8 de noviembre de 2008 en LA NACION aquí.
Por Hugo Beccacece
En el saloncito de su pequeño departamento del centro histórico de Roma, Tosi recuerda su vida con la gracia de un hombre que sabe contar y que puede ser implacable o sublime con un adjetivo. De las paredes, cuelgan retratos de actores y de amigos, muchos de ellos famosos, otros desconocidos. Tosi fue el hombre que vistió a Callas en las óperas La Traviata y Tosca, y en la Medea cinematográfica de Pasolini; el que creó la figura icónica de Tadzio, el efebo de Muerte en Venecia, y el vestuario, hoy de valor histórico, de El Gatopardo. Entre quienes lo conocen, es célebre por su timidez y humildad, también por su ironía. Sin embargo, jamás se recluyó en una torre de marfil. Retomó la tradición de arte y artesanía de Florencia, la ciudad donde nació hace 81 años, y transmitió todo lo que aprendió en contacto con los creadores más importantes del cine y el teatro europeos a discípulos como Gabriella Pescucci, Milena Canonero (las dos ganaron sendos Oscars) y Maurizio Millenotti.
Desde muy chico, Tosi observaba y dibujaba. Salía a la calle y no podía dejar de asimilar la belleza de las obras de arte de Florencia y de sentir fascinación por ciertas caras. "Uno se iba formando casi sin darse cuenta. Miraba las tapas de las revistas en los quioscos. Durante la época de Mussolini, no hacía sino eso. No tenía dinero para comprar nada. Me conformaba con admirar las caras de las divas del fascismo en los afiches. Me acuerdo de una de ellas, Greta Gonda, una actriz hoy olvidada. Yo no tenía mucho sentido crítico en esos años no sólo porque era muy chico sino porque no había tenido oportunidad de ver sino esas revistas. La Gonda me parecía una deidad. Pero el rostro, en realidad, era una especie de mascarón de proa, cubierto quién sabe por cuántas capas de un maquillaje espeso. Hasta que un día, derrotado el fascismo, encontré en el diario comunista L’Unità una fotografía de La terra trema, de Visconti. Fue como si me hubiera fulminado un rayo. Era algo totalmente distinto de lo que había admirado hasta entonces. Sentí que entraba en un mundo nuevo, que contradecía todo lo que yo pensaba que era el arte."
La familia no siempre es una condena ni merece odio, como afirmaba Gide. Tosi tenía una tía fanática del cine. El muchacho se había enterado de que en el Festival de Venecia se iba a proyectar la película de Visconti, la de la foto. Le pidió entonces a su tía que lo llevara al Festival. Los encuentros, como él dice, lo ayudaron. Tosi había cursado el secundario en un colegio donde había sido compañero de Franco Zeffirelli que, ya en 1948, estaba junto a Visconti, como uno de sus discípulos. Tosi cuenta: "El estreno de La terra trema se convirtió en un escándalo. La mitad del público aplaudía, la otra prorrumpió en insultos. Zeffirelli, desde los años de juventud, fue muy generoso conmigo. Trató de que conociera a Luchino. Al año siguiente, en 1949, cuando Visconti puso en escena Troilo y Cresida, de Shakespeare en los jardines de Bobboli, Franco le insistió tanto que él accedió a ver algunos de mis bocetos. Me dijo: ‘¿Qué edad tiene? ¡Veinte años! Es muy joven. Debe hacer mucho camino todavía...’ Así me despidió, pero Franco, que era el escenógrafo, volvió a hablarle en mi favor y, por último, me nombraron algo así como quinto o sexto asistente."
En realidad, Tosi no tuvo que esperar demasiado. En 1951, Visconti lo llamó un jueves: le dijo que el lunes siguiente iban a empezar a filmar Bellísima, con Anna Magnani y Walter Chiari, y le encargó el vestuario. Tosi se animó a decirle que no había tiempo para bocetos. La respuesta que le dio Visconti le sirvió para explicarse por qué el director lo había llamado a él, un novato, y no a un vestuarista experimentado. El director no quería que se hiciera ningún boceto ni que se recurriera a ninguna sastrería. Neorrealismo puro. Tosi debía leer el libreto, después, caminar por la calle y observar cómo iba vestida la gente. En cuanto pensara que las prendas de un peatón podían corresponder a las de uno de los personajes en tal o cual escena, debía dirigirse a ese hombre o a esa mujer y pedirle que le vendiera la ropa para el film. Visconti enfatizó: "Y me trae todo caliente". Además, Luchino le dijo que no debía lavar la ropa, así parecería usada.
"En una ocasión, vi a una mujer en el centro de la ciudad que llevaba un vestido de lino blanco. Me pareció ideal para caracterizar a la maestra de declamación de Bellísima. Lo compré. Fue como si hubiera leído la mente de Visconti. Al día siguiente, me dijo que había pensado en un tailleur de lino blanco para ese personaje. Con satisfacción, le dije que ya lo tenía. "¡Bravo!", me contestó. Pero nada es perfecto. Había tenido la mala suerte de dar con una mujer muy prolija que tenía el vestido impecable, lavado y planchado, como recién salido de manos de la modista. Cuando fuimos a filmar, Luchino señaló: "Tiene que parecer amarillento, ajado". Me fui a una cocina, calenté varias pavas de agua, hice té. Volqué todo en una pileta y puse el traje adentro. Lo saqué y lo colgué para secarlo. Tenía justo el tono que quería Visconti. Piense usted que estábamos filmando en blanco y negro. La diferencia de matices era algo que sólo él, yo y algún espectador malévolo podíamos notar.
Después de Bellísima, el escritor y director Mario Soldati le encargó a Tosi el vestuario de La provinciana, adaptación de un texto de Moravia, con Gina Lollobrigida. Soldati, a diferencia de Visconti, no era una presencia que intimidaba. Lograba que en el set reinara la alegría y que todo fluyera naturalmente. Tenía una relación cordial y desinhibida con Tosi. Pero mientras filmaban en Lucca, Tosi recibió un ofrecimiento de Visconti para hacer el vestuario y la escenografía de La posadera, ("La locandiera") de Goldoni, que se iba a ofrecer en la Bienal de Venecia. La puesta representaría a Italia. "Yo no podía aceptar porque estaba comprometido con Soldati", recuerda con una sonrisa Tosi. "Era un alivio, tenía la excusa ideal para negarme. Necesitaba cierto descanso. Visconti había contratado a Rina Morelli, una de sus actrices preferidas para el papel de la locandiera, a Paolo Stoppa para hacer del marqués de Forlipopoli, y a Marcello Mastroianni, que era jovencísimo, como caballero de Ripafratta. Visconti se hubiera resignado a que yo no participara, pero el que no se resignó fue Stoppa. Este le mandó una carta a Giulio Andreotti, que habría de convertirse en el político más influyente de Italia durante décadas. En ese entonces, 1952, Andreotti, ya tenía un cargo importantísimo, una especie de ministro de la cultura. Stoppa le explicaba en ese mensaje que el honor de los artistas italianos se jugaba en esa puesta de Goldoni, que todo el mundo iba a tener los ojos clavados en la Bienal. Andreotti, a su vez, les escribió a los productores de La provinciana para que me ce…