A primera vista, una fábrica de automóviles apenas parece una cuestión de seguridad militar. Pero el posible establecimiento del fabricante chino SAIC en Ferrol, en la costa atlántica de España, plantea una importante preocupación por la seguridad. ¿Qué sucede cuando una empresa vinculada al estado chino establece operaciones junto a la infraestructura utilizada por las fuerzas de la OTAN?
SAIC está considerando la construcción de su primera planta de vehículos eléctricos europeos en el puerto exterior de Ferrol, en Galicia, con una inversión estimada de alrededor de 200 millones de euros. El sitio tiene una característica particular: se encuentra en la entrada de una bahía que concentra una parte significativa de la capacidad militar y naval de España.
Ferrol alberga uno de los principales arsenales de la Armada Española, el astillero militar de Navantia y la base de las cinco fragatas F-100, buques equipados con el sistema de combate Aegis que participan regularmente en operaciones y despliegues de la OTAN.
Los mismos astilleros también están construyendo la nueva generación de fragatas F-110, uno de los programas navales más importantes actualmente en curso en Europa.
Cualquier buque militar que entre o salga de Ferrol debe pasar por esa misma bahía en su camino hacia o desde el Atlántico.
El problema, por lo tanto, no necesariamente radica en imaginar una operación de espionaje convencional. Una moderna instalación industrial genera enormes cantidades de información: movimientos logísticos, tráfico marítimo, comunicaciones, actividad de proveedores, imágenes, horarios y cambios en las corrientes portuarias. Aparentemente, los datos rutinarios pueden convertirse en inteligencia cuando se recopilan a lo largo de años y se hacen referencias cruzadas con otras fuentes.
Ese riesgo es un hecho.
Un informe del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) afirma que las empresas chinas controlan, administran o operan terminales en 96 puertos extranjeros, 36 de ellos entre los 100 más grandes del mundo por tráfico de contenedores. China también mantiene inversiones en más de cien puertos considerados geoestratégicos.
El documento advierte específicamente sobre la dimensión de inteligencia de esta expansión. China fabrica más del 90% de los contenedores utilizados en todo el mundo y cerca del 80% de las grúas portuarias.
El sistema logístico chino Logink, utilizado en al menos 24 puertos internacionales, puede procesar información sobre buques, carga, geolocalización, manifiestos y cadenas de suministro. El IEEE señala que tales capacidades podrían incluso hacer posible identificar movimientos de equipos militares.
Por lo tanto, el caso Ferrol tiene una dimensión europea. No se trata simplemente de decidir si España debe aceptar la inversión china en una región que busca reactivar la actividad industrial. La cuestión es dónde se encuentra esa inversión y qué tipo de acceso físico, digital y logístico crea alrededor de infraestructuras sensibles.
Irónicamente, la inversión de SAIC, una empresa controlada por el estado chino, llega en un momento en que Bruselas aboga por reducir las dependencias estratégicas de Beijing.