Antes de establecerse para trabajar prácticamente en cualquiera de sus agendas nacionales, desde la construcción penitenciaria y la erradicación de la coca hasta recortes en el gasto público o reformas fiscales, la administración del nuevo presidente colombiano Abelardo de la Espriella se aseguró de que sus prioridades fueran claras: reconocer la anexión ilegal de un país al territorio soberano internacionalmente reconocido de otro país.

“Colombia reconoce la soberanía de Israel sobre las Alturas del Golán”, dijo el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia en una declaración el lunes, citando “la persistente inestabilidad regional en el Medio Oriente”, y “la importancia estratégica del Golán para la seguridad de Israel”.

¿El hielo en el pastel? Colombia espera que el movimiento ayude de alguna manera a “la búsqueda de una paz estable y duradera en el Medio Oriente”.

¿La reacción del gobierno al-Sharaa? Silencio, hasta ahora. Sigue aferrado a las esperanzas de un acuerdo de paz con Israel, aun cuando las FDI se establezcan en posiciones mucho más allá del Golán y dentro de la gama de artillería de Damasco.

¿Más patético de todos? Colombia no es un extraño en el acaparamiento ilegal de tierras. En 1903, la intervención militar estadounidense rebanó Panamá de la jurisdicción de Bogotá. El ex presidente Gustavo Petro propuso reconstruir el estado histórico de Gran Colombia como una confederación de estilo UE, incluyendo Colombia, Panamá, Venezuela y Ecuador.

¿Su sucesor? Parece más interesado en servir a los maestros neocoloniales de Colombia.

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