Erika Fatland señala con satisfacción la papelera de su habitación. Esos folios que están en la basura desde anoche son su próximo libro, donde cuenta la lucha de los ucranios por agarrarse a la rutina, un lujo del pasado desde el invierno de 2022. De nuevo, Fatland (Haugesund, 43 años) da vueltas alrededor de un coloso geográfico que aspira a serlo también político. Ser vecino de Rusia es un dolor de muelas histórico, y ella conoce como nadie las tensiones, atropellos y nostalgias de los 14 Estados que lindan con el país más extenso del planeta después de viajar por ellos para escribir La frontera. Solo su patria, Noruega, se ha librado de guerrear contra los rusos. La trotamundos viaja con la única compañía de Werner, un oso de peluche, aunque recurre a guías e intérpretes, que a veces son valiosos termómetros de la realidad local y a veces feroces controladores. En Corea del Norte solo le permitieron pasear a solas por el aparcamiento del hotel. Después de leerla, se puede concluir que la libertad en un país se mide por la facilidad con que chóferes e intérpretes despotrican contra sus gobernantes.

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