Una de las raras ocasiones en que María Moreno (Madrid, 1933-2020) aceptó aparecer ante la cámara fue durante el rodaje de El sol del membrillo (1992), la película experimental que Víctor Erice dedicó al proceso creativo del pintor Antonio López. En una secuencia, Moreno conversa con López, su marido, acerca de la incidencia de la luz matinal en el árbol frutal ubicado en el jardín de su casa. Esta conversación ocultaba una presencia real de mucho más calado: María Moreno fue productora ejecutiva del filme y consiguió financiación para concluirlo y estrenarlo. Sin embargo, su profesión no fue la producción cinematográfica, sino la pintura. Durante toda su vida adulta, Moreno se dedicó al arte con persistencia y discreción. Seis años después de su fallecimiento, su trabajo llega al público en forma de exposición.

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