(Por Christian Skrilec)
La ruptura es posible. Hay razones y argumentos para que la posibilidad de fragmentación política se convierta en un hecho que afecte a la oposición peronista y también al oficialismo y sus aliados. También hay razones y argumentos para que esto sea poco probable. El escenario político es incierto, cambiante y por sobre todas las cosas, susceptible a la indiferencia mayoritaria de la sociedad.
La fragmentación en la visión e Cristina
Lo trascendieron con fervor: Así como en el 2023 Cristina Kirchner predijo una elección de tercios, para el 2027 pronostica una elección de cuartos. En el 23 los tercios fueron el oficialismo peronista, el PRO y la Libertada Avanza. La duda ahora es saber cuáles son los cuartos que imagina Cristina para el 2027. Según los mismos trascendidos, un oficialismo que nuclee a la derecha, un outsider y dos peronismos. En este escenario, el peronismo no va a internas, se rompe. El outsider (¿Brito, Guebel, Hadad?), ¿no tiene peronismo o suma gobernadores peronistas? Además, ¿la izquierda se puede convertir un cuarto o en un cuartito? La respuesta sobre quien representaría a los cuartos de Cristina, sólo la tiene Cristina.
El Kicillofismo también habla de ruptura
Más allá de las recientes declaraciones del Ministro de Gobierno y principal vocero del Gobernador, Carli Bianco, asegurando que en el 2027 tendremos una elección totalmente polarizada (Otra señal que la ruptura es posible), desde la vocería mediática “axelista” comenzaron a aparecer notas que prevén una ruptura con “La Cámpora” y el “cristinismo duro”.
En este marco hay que afirmar que Jorge Ferraresi, armador fundamental de Axel y precandidato a Gobernador por el Movimiento Derecho a Futuro, viene sosteniendo en reuniones privadas que Cristina Kirchner no aceptará participar en una interna y que hay que prepararse para la ruptura.
El oportunismo, outsiders y gobernadores
¿Hay espacio para que otro outsider ocupe el espacio no-político colonizado por Javier Milei? Difícil, no imposible. Pero lo que no caben dudas es que cualquier outsider necesitará apoyos y estructuras, que sólo las pueden proveer sectores del peronismo, el radicalismo del interior, o los gobernadores.
Respecto a estos últimos, ya ensayaron un espacio en la elección del 2025 con Provincias Unidas. No les fue bien, pero qué ocurre si el peronismo bonaerense se parte en dos, es más, qué pasa si un oficialismo descascarado económica y socialmente también se parte. Un armado que hoy parece inocuo puede transformarse en alternativa.
La fragmentación política, si es general y crítica, abre oportunidades para todos, hasta el raquítico Frente Renovador puede tomar volumen en un escenario balcanizado.
El oficialismo roto sobre roto
Aseguran que el Círculo Rojo (El poder económico, financiero, empresarial, mediático), el poder real, busca una alternativa a Milei. Alguien que haga lo mismo pero con buenos modales. Lo cierto es que la única forma de bajar a Milei de la relección es que la crisis económica se agudice, la estabilidad naufrague y lo sociedad se harte inequívocamente. Pero Milei es Milei y es Karina y son los libertarios duros que difícilmente se entreguen.
La senadora nacional Patricia Bullrich ya se muestra como alternativa. Cuestiona medidas de gobierno, tiene agenda propia y voto propio, además, las encuestas siempre la ponderan.
Es posible un espacio ¿libertario, PRO, de derecha, antiperonista encabezado por Bullrich?, ¿Es posible que el oficialismo se rompa?
Es, sin duda, lo menos probable, pero no es imposible.
La ilusión de la Izquierda
La imagen de Miriam Bregman crece, pero la siguiente no es una elección legislativa. Para muchos, votar a la izquierda sería una forma de castigar a la política tradicional, como en el 2023 fue votar a Milei. El crecimiento en la intención de voto de la izquierda se consigue en un 80 por ciento por votos del peronismo progresista, mayoritariamente kirchnerista. El último dato, el voto joven o sub-23, que en la elección anterior se volcó a la derecha, ahora voltearía hacia la izquierda. Una izquierda que aumente su caudal electoral incide de manera determinante en un hipotético escenario de fragmentación.
La indiferencia social
Hay un caldo para la fragmentación y se cocina en la sociedad. El dato, esclarecedor y preocupante, es que 6 de cada 10 personas no están de acuerdo con las políticas de Milei y prefieren que haya un cambio, pero al mismo tiempo, 7 de cada 10 personas aseguran que no quieren volver a experiencias políticas pasadas, esto incluye a cualquier versión del peronismo que haya gobernado en los últimos años, y por supuesto, a Macri. La complejidad de estos números es evidente, para empezar, a la hora de los votos, ni el oficialismo mileista ni la oposición peronista contarían con más de un tercio de los sufragios.
Asimismo, los principales actores políticos están cada vez más lejos de la sociedad. El oficialismo lo demuestra desde el discurso que normalmente difunden el Presidente y su ministro Caputo, que jamás refiere a los problemas cotidianos de las mayorías. Por su parte, el peronismo sufre una crisis endógena ideológica, de liderazgo y de representación pocas veces expuesta tan groseramente.
Si bien una constante histórica del peronismo fue trasladar su interna al resto de la población, en esta ocasión, la respuesta de la sociedad es el desinterés o la indiferencia. La misma indiferencia que recibe el discurso oficialista cuando explica los “maravillosos” logros en macroeconomía.
El voto en blanco y la baja participación crecientes complementan un escenario proclive a una representación distorsionada y a una legitimación endeble.
Conclusión
En este escenario político, una ruptura importante, como la del peronismo bonaerense, puede desencadenar en otras y convertirse en una reacción en cadena. El fraccionamiento peronista podría ser extremo. En esa partición, improbable, cualquiera con un pronóstico de volumen de votos aceptable estaría en condiciones de separarse. Si todo está roto, 20 puntos pueden poner un candidato en segunda vuelta.
Es posible, si es posible. El politólogo Andrés Malamud hace mucho tiempo aseguró que las crisis políticas podían convertir a la Argentina en una democracia similar a la peruana: partidos políticos rotos, candidatos débiles, legitimidad mínima, cambios de gobierno permanentes. Por suerte, todavía es improbable.
Gracias por leer.
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