Niños corriendo por la playa, comidas familiares, siestas interminables, risas y atardeceres frente al mar. El verano nos evoca una imagen idílica, de postal, construida a base de anuncios televisivos y campañas turísticas. Una promesa colectiva de descanso y felicidad que muchas veces no llega a cumplirse. Cuando termina el curso escolar, millones de hogares en España se enfrentan a casi tres meses de vacaciones infantiles que difícilmente encajan con unas jornadas laborales que continúan prácticamente intactas. Lo que para los pequeños de la casa es tiempo libre, para muchos adultos se convierte en un complejo ejercicio de logística.
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