Las vacaciones son la época en que la dinámica cambia en muchos aspectos con respecto al resto del año: parón escolar, más tiempo libre y amistades que se ausentan. Para un hijo único se suma el hecho de que no hay hermanos con los que compartir los meses de ocio y la socialización disminuye. Pero eso no implica que su verano sea peor que el del resto de los niños. Simplemente es distinto, y tiene también sus aspectos positivos. “No significa que sea de peor calidad, ya que también va a existir la oportunidad de tener más autonomía y momentos de juego individual”, explica Ana Gómez, psicóloga cognitivo-conductual en población infantojuvenil. “Su verano será diferente porque la socialización con los iguales no está incluida en el hogar de forma directa, por lo que se tiene que promocionar desde fuera”, añade. “Aunque no es necesario llenar absolutamente todo el tiempo del menor, ni crear una sensación negativa en torno a la soledad”.

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