El pasado 12 de junio, cuando SpaceX comenzó a cotizar en el Nasdaq a 150 dólares por acción, Elon Musk sumó más de 180 mil millones de dólares a su fortuna en un solo día. Cruzó así un umbral que nadie había cruzado antes en la historia: el trillón de dólares. Al cierre de esa jornada, su patrimonio alcanzó los 1,14 billones, convirtiéndose en la primera persona en llegar a esa cifra. Para dimensionarlo, ese monto equivale a más de la mitad de toda la economía española y casi al doble de la argentina. Existe, claro, un debate moral sobre si es justo que semejante acumulación conviva con miles de millones de personas que luchan contra el hambre. Pero hay otro debate que resulta igualmente urgente y se discute mucho menos: ¿puede la democracia sobrevivir a este nivel de concentración de la riqueza?

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