VIRGINIA VLONDEAU
marioyvirginia@yahoo.com.ar
¿Para qué sirven los reyes? Los defensores de la institución monárquica dirán que son el pilar de una nación y sus detractores opinarán que son parásitos inútiles.
En esta columna no solemos tomar partido al respecto pero lo haremos en esta ocasión porque les hemos encontrado un trabajo bastante digno: liderar las visitas de estado ya sea como anfitriones o como cabeza de delegación al extranjero. No es que la tarea justifique su existencia pero sí la enaltece.
Repetimos como loros que un rey reina pero no gobierna sin detenernos a pensar en el verbo. Porque sabemos lo que significa “gobernar” pero no qué es “reinar” en las monarquías parlamentarias del siglo XXI.
Aunque pocos lo saben, los actuales reyes europeos son los jefes de estado de sus respectivos países. En Argentina, república presidencialista, la jefatura de gobierno y la jefatura de estado la ejerce una misma persona pero en las monarquías hay un jefe de gobierno que ejerce funciones ejecutivas y un monarca que asume las responsabilidades representativas.
Y entre estas funciones está la de ser la cara visible de un contingente de ministros, asesores y empresarios que viajan a otro país para cerrar tratos económicos y, también, la de recibir y acompañar a los jefes de estado extranjeros.
Es cierto que no solo las monarquías realizan visitas de estado. También las hay entre mandatarios republicanos pero, salvo que se trate de líderes carismáticos o muy poderosos, pasan bastante desapercibidas. En cambio, cuando de monarquías se trata la impronta es superior. Convengamos que no tendría la misma repercusión una visita oficial de tres días a Buenos Aires de los reyes de los Países Bajos con Máxima y sus tocados que una del presidente de Kirguistán, sin desmerecer a los kirguistaneces.
Una visita de estado es la ocasión en la que un monarca pone en práctica sus habilidades y conocimientos diplomáticos. Sin embargo, es el gobierno quien decide cuándo y a dónde ir, quién escribe los discursos y aprueba las actividades.
Desarrollan en tres días una agenda pensada milimétricamente que los tendrá de acá para allá: el primer día habrá una recepción, homenajes , condecoraciones, y la jornada finalizará con una cena de gala; el segundo día habrá visitas al parlamento, inauguraciones, más discursos y finalizará con una ceremonia de contraprestación, un acto en que el jefe de estado del país visitante agradece la hospitalidad del país anfitrión, y el tercer y último día se corona con un almuerzo de despedida y encuentros con compatriotas emigrantes.
Lógicamente si ambos países, visitante y anfitrión, son monarquías, hay mucho más despliegue de joyas, de tocados y modelitos de alta costura por parte de las reinas consortes.
Aunque pocos lo saben, los actuales reyes europeos son los jefes de Estado de sus países
En primavera y otoño se concentran este tipo de actos protocolares por eso estas últimas semanas hemos visto a Letizia y Felipe recibir al presidente de Francia y también visitar Finlandia. A su vez, el presidente finlandés estuvo de visita en Luxemburgo y Bélgica y los príncipes de Mónaco fueron anfitriones del presidente de Italia. En los próximos días, los reyes de Dinamarca se van a Vietnam y los reyes de Bélgica a Kasajstán.
Habrá mucho que comentar de estas visitas pero antes… hagamos historia.
Argentina ha sido país anfitrión de reyes en varias oportunidades. Una de las más significativas fue la que realizaron en noviembre de 1978 los flamantes reyes de España, Juan Carlos I y su esposa, la reina Sofía.
Hacía solo tres años que Juan Carlos había asumido la jefatura de estado. Tenía el desafío de convertir a España en una democracia luego de la larga dictadura de Franco y pensaba hacerlo de la mano de todo el arco político y social. Era el líder de la apertura, un proceso inverso al que estaba viviendo la Argentina que visitaba donde había un gobierno de facto y con partidos políticos proscritos.
El rey basó sus discursos en los lazos históricos, agradeció la hospitalidad argentina para aquellos españoles que habían venido buscando un futuro mejor e hizo gala de toda su campechanía con la gente que lo iba a saludar, entusiasmada.
Una visita de estado es la ocasión en la que un monarca pone en práctica sus habilidades y conocimientos diplomáticos
Había en la agenda actos y cenas con el presidente de facto Jorge Rafael Videla, misas, un partido en la Bombonera y viajes al interior. Aceptó todo lo pautado por el gobierno según el protocolo sin perder afabilidad y sonrisas pero, fuera de agenda, logró reunirse con dirigentes políticos y sindicales silenciados por la dictadura. Los que no sonrieron fueron ministros y asesores españoles que apenas lograron algunos acuerdos económicos, turísticos y deportivos pero ninguno relacionado con los derechos humanos.
De esa visita nos queda la anécdota de la desaparición de la capa de la reina Sofía que repetiremos para los lectores más jóvenes: la cena de gala se realizó en el Concejo Deliberante y doña Sofía vistió un vestido blanco con detalles en rojo y, de abrigo, una capa roja de tul de Ives Saint Laurent que se quitó una vez ubicada en la mesa. A la hora de retirarse la capa había desaparecido del guardarropas para desesperación de asistentes, encargados de protocolo, guardias y el gobierno argentino entero.
Unas horas tardó el asunto en aclararse. Parece que una de las asistentes a la cena, la distinguida señora Julia Sundblad de Béccar Varela, se la había llevado a su casa “por distracción”. La capa fue devuelta a la reina quien le quitó importancia al asunto y hasta le mandó un reloj de regalo a la ladronzuela.
La siguiente visita de los reyes de España a Argentina sería en democracia y cuando la reina Sofía se quitó el tapado gris que traía, el presidente Raúl Alfonsín le dijo “Lo guardaré en la caja fuerte” y sus palabras, en un ambiente mucho más distendido, provocaron risas en todos los presentes.
Aunque haya algunas situaciones jocosas, las visitas de estado son sumamente protocolares e importantes para las relaciones internacionales. Iremos develando en próximos encuentros otras anécdotas y observaremos las joyas y atuendos de las damas, un tema frívolo pero significativo.