Se van de veraneo los jueces, los políticos de primera línea y las plumas más aceradas de la capital después de una traca final de julio a la que el Gobierno ha asistido como si todo fuera normal. Para irritación de la oposición, La Moncloa se ha ocupado de que ni la condena del hermano del presidente ni la confirmación de la causa contra su esposa hayan alterado la agenda y gesto de Pedro Sánchez, pletórico en el palco de las autoridades en la final del Mundial y feliz en los jardines de La Moncloa rodeado de perros, que en esa casa el día del Perro se celebra como fiesta de guardar desde hace tres años. La nueva normalidad de Sánchez es convivir con una ofensiva judicial que ordena por carpetas; y había una especialmente revuelta y pesada en el ánimo del PSOE: José Luis Rodríguez Zapatero.
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