De repente, el motor se paró. Se hizo el silencio en medio del mar Egeo y la embarcación neumática dejó de avanzar. A bordo iban unas 20 personas hacinadas, entre ellas dos hermanas sirias, Yusra y Sara Mardini, que habían abandonado Damasco en 2015 por la guerra en Siria con el sueño de encontrar un lugar donde pudieran vivir sin miedo.

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