El robo de motos no da tregua en La Plata y la amenaza se expande
Para cientos de vecinos de La Plata, la moto dejó hace tiempo de ser un simple medio de transporte. Es la herramienta que les permite llegar al trabajo, repartir pedidos, hacer changas o evitar los altos costos de mantener un automóvil. A la vulnerabilidad que ya implica circular sobre dos ruedas se suma otra preocupación que crece en la Región: los robos. Por eso, cada asalto representa mucho más que la pérdida material. Significa quedarse, de un momento a otro, sin la posibilidad de generar ingresos. Ese drama volvió a quedar expuesto en las últimas horas, cuando una vecina de Los Hornos de…
Óptica: sourceFuente: El Día de La Plata. Publicación automática del contenido provisto por su canal RSS; sin reelaboración factual de Narnia Times.
Abrir la fuente originalPara cientos de vecinos de La Plata, la moto dejó hace tiempo de ser un simple medio de transporte. Es la herramienta que les permite llegar al trabajo, repartir pedidos, hacer changas o evitar los altos costos de mantener un automóvil. A la vulnerabilidad que ya implica circular sobre dos ruedas se suma otra preocupación que crece en la Región: los robos. Por eso, cada asalto representa mucho más que la pérdida material. Significa quedarse, de un momento a otro, sin la posibilidad de generar ingresos.
Ese drama volvió a quedar expuesto en las últimas horas, cuando una vecina de Los Hornos denunció que delincuentes le robaron su rodado, una Keller 110cc., de adentro de su vivienda. Desesperada, decidió difundir el caso en redes sociales con un pedido que resume la angustia que atraviesan muchas víctimas. “Me robaron la moto de adentro de mi casa, en Los Hornos. Que aparezca por favor, que la uso para trabajar. Doy recompensa”, escribió, junto a la patente del rodado sustraído.
El episodio no solo volvió a poner en evidencia la facilidad con la que actúan los delincuentes, sino también el impacto que estos hechos tienen sobre quienes dependen de una moto para sostener su economía diaria.
En la Región, el robo de motos se convirtió en una modalidad delictiva que creció en los últimos años y que ya no distingue horarios, barrios ni perfiles de víctimas. Trabajadores, estudiantes, repartidores, empleados o vecinos que simplemente utilizan este medio para movilizarse pueden convertirse en blanco de los ladrones.
A ello se suma otro dato que preocupa a los investigadores y autoridades locales: muchas de las motos robadas no desaparecen por casualidad. En numerosos casos terminan desarmadas para vender sus autopartes en el mercado ilegal, son comercializadas en otras localidades o directamente utilizadas para cometer nuevos delitos, alimentando el circuito de los llamados “motochorros”.
UN RECLAMO QUE SE MULTIPLICA
El caso de la vecina no tardó en generar repercusión entre otros habitantes de Los Hornos, donde los relatos sobre robos de motos y la sensación de desprotección se repiten prácticamente a diario.
“Días atrás también robaron una moto en 62 entre 140 y 141 cerca de las cuatro de la mañana. Quedó grabado. Andan paseando tranquilos por el barrio”, contó un vecino. Otro fue todavía más contundente al relatar su experiencia: “Hace dos meses me robaron dos motos en mi casa, en 155 y 61. Pregunto a las autoridades qué hay que hacer para terminar con esto y poder vivir en paz. La Policía en Los Hornos es un desierto, te roban las 24 horas. La gente ya no sabe qué hacer. Urge una movilización porque esto va a ser peor”.
Las quejas apuntan a la escasa presencia policial durante la noche y la madrugada, horarios que los vecinos consideran los más críticos. “Salgo de madrugada a laburar y veo muchos pibes en motos sin luces, encapuchados. No veo un solo patrullero”, expresó otro frentista a este diario.
En la misma línea, otro frentista sostuvo: “Hay patrullas, pero después de las seis de la tarde hasta las ocho de la mañana es tierra de nadie. En las esquinas oscuras se ven grupos esperando la oportunidad para robar o meterse en alguna casa. Cuando cometen un delito desaparecen unos días y después vuelven como si nada”.
Entre los mensajes también aparecen referencias a la edad de muchos de los sospechosos. “Son casi todos menores, entran y salen”, resumió un vecino, mientras que otros reclamaron mayor presencia policial y controles preventivos. Las expresiones coinciden en un punto: la percepción de que el delito se volvió parte de la rutina y que la respuesta no alcanza para frenar una problemática que afecta cada vez a más familias.
MOTOCICLISTAS EN LA MIRA
Sin embargo, el mayor temor de los motociclistas no siempre pasa por la pérdida material. Antes de quedarse sin la moto, muchas deben atravesar segundos de extrema tensión frente a delincuentes que actúan armados y con una violencia cada vez mayor.
En la mayoría de los casos, las víctimas son sorprendidas por dos o más asaltantes que se movilizan en otra moto. La modalidad es la misma: el acompañante desciende, exhibe un arma de fuego o un cuchillo y exige la entrega del vehículo. En segundos, la situación puede escalar con amenazas de muerte, golpes o disparos.
Los investigadores reconocen que la violencia empleada en este tipo de hechos se volvió una constante. Ya no se trata solamente de un robo: muchas víctimas son obligadas a tirarse al piso, reciben culatazos o son amenazadas con frases intimidatorias mientras los delincuentes escapan con el rodado.
Ese escenario expone a quienes circulan en moto a una doble vulnerabilidad. Por un lado enfrentan el riesgo de sufrir lesiones graves o incluso perder la vida durante el asalto. Por el otro, si sobreviven al ataque, deben afrontar las consecuencias de quedarse sin el vehículo que utilizan para trabajar, estudiar o trasladarse todos los días. El peligro siempre está.
En ese contexto, y tal como viene informando en el último tiempo EL DIA, la preocupación vecinal sigue en aumento. Tanto los habitantes de Los Hornos como de otros barrios de la Región ya convocan a un cacerolazo y “alarmazo” para el próximo 31 de julio, en reclamo de mayores medidas de seguridad. Sostienen que los robos y otros delitos dejaron de ser hechos aislados para transformarse en una problemática cotidiana que atraviesa a toda la Región.