Hay restaurantes conocidos por una receta, otros por las vistas o por el cocinero que está detrás de los fogones. En Pals hay uno cuya singularidad es mucho más difícil de explicar: nadie parece ponerse de acuerdo sobre cómo se llama. Pero da igual, porque la mayoría tampoco va por eso, sino porque lleva más de medio siglo siendo uno de esos bares de pueblo donde el tiempo parece pasar un poco más despacio.
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