Tiene algo de optimismo para los sirios que, mientras gran parte de Oriente Próximo se ve arrastrado a la guerra desatada por Israel y Estados Unidos contra Irán, en su tierra —donde una docena de actores regionales e internacionales libraron múltiples guerras durante 14 años— los pistachos estén a rebosar en plena cosecha, las placas solares se normalicen en el paisaje y huela a asfalto recién extendido en las principales avenidas del país. No ocurre en todas partes, y siempre más en las ciudades que en el campo, pero algo se mueve entre la, hasta hace un año, estática estampa de edificios y puentes derruidos en Siria.
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