Si mañana tuviésemos que mudarnos y establecer vínculos personales en otro país, probablemente viviríamos más choques culturales por los abrazos o las caricias que por las cosquillas. Las diferentes formas de contacto social se llevan estudiando mucho tiempo, pero sigue habiendo preguntas sin resolver respecto a su origen cultural o evolutivo. Concretamente, ese estímulo táctil que provoca a la vez carcajadas y unas ganas irrefrenables de huir genera curiosidad y teorías desde tiempos de Aristóteles, señal de que, a priori, parece bastante universal, aunque faltan muchas certezas al respecto. Hablamos de lo que técnicamente se conoce como gargalesis, que se diferencia del cosquilleo suave que nos provoca el roce de una pluma, cuyo tecnicismo correspondiente es knismesis.
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