El silencio se apoderó definitivamente de las naves industriales que la firma Will Der poseía en territorio bonaerense. En una jornada marcada por la angustia y las lágrimas, Santiago Phelan, ex capitán y entrenador de Los Pumas, junto a su socio Armando Anasal, comunicaron el cese total de actividades en sus plantas de General Pacheco y Las Flores.
La decisión deja a 120 familias en la calle, víctimas de un combo letal compuesto por la recesión, el desplome del consumo y la apertura de importaciones que asfixia a la producción nacional.
Frente a una platea de trabajadores que no encontraba consuelo, el ex rugbier fue el encargado de ponerle palabras al final de un ciclo productivo que abastecía a gigantes como Adidas, Puma y New Balance.
Con la voz entrecortada, Phelan fue tajante: “Lamentablemente la decisión que tenemos que tomar es cerrar la fábrica, que el lunes no vengan”. El empresario intentó explicar que el cierre no era un acto de abandono voluntario, sino la única salida ante un escenario financiero que se volvió insostenible: “No había opción de seguir. Seguir iba a ser peor. No es que nosotros colgamos, aflojamos. No somos de esa característica”.
Impacto en territorio bonaerense
La caída de Will Der es el reflejo de un desierto industrial que avanza sobre el país y afecta a su corazón productivo que es la provincia de Buenos Aires.
El impacto en las comunidades de Las Flores y General Pacheco es devastador, ya que se pierden puestos de trabajo calificados en un sector, como es el textil, que ya registra más de 25000 despidos a nivel nacional desde el inicio de la gestión de Javier Milei.
Los dueños de la empresa aseguraron que agotaron todas las instancias para evitar este desenlace, pero la realidad del mercado interno les dio el golpe de gracia.
Phelan fue lapidario al describir la falta de demanda que hoy paraliza los galpones: “No hay trabajo en la calle a gran escala, a la escala que nosotros necesitamos”. Para el empresario, el futuro no ofrece señales de recuperación, lo que aceleró la decisión de bajar la persiana de forma definitiva: “Si yo mirase un poco y viera una luz, me animo a seguir peleándola y buscando y dando vueltas como venimos haciendo, pero el panorama que viene es peor. Es peor”.
Un sector en caída libre
El contexto macroeconómico que rodea este cierre queda en evidencia al analizar los indicadores de actividad. Según datos publicados por Clarín, basados en registros de la Secretaría de Trabajo, el sector de Textiles lidera la caída de la actividad con un estrepitoso -12,6%, seguido de cerca por el rubro de Indumentaria, que registra una baja del -8,6%. Estas cifras de la era Milei explican por qué más de la mitad de las máquinas en la industria textil hoy se encuentran apagadas, con una capacidad instalada que apenas roza el 42%.
Esta recesión golpea especialmente a las PyMES bonaerenses, que deben enfrentar costos en alza y una competencia desigual con los productos importados.
El sentimiento de desprotección es total, especialmente ante declaraciones oficiales que cuestionan los precios locales. Mientras la industria se desmorona, la falta de una red de contención estatal empuja a empresarios con décadas de trayectoria al abismo del fracaso.
“La política nos hundió, piensen la próxima vez que voten”
El momento más visceral de la jornada lo protagonizó Armando Anasal, socio de Phelan, quien rompió en llanto al ver el fruto de toda una vida convertido en nada. “Son 50 años tirados a la basura porque no pude llegar a nada porque tengo que dar la cara diciendo que soy una mierda”, exclamó con dolor frente a su personal. Anasal no dudó en señalar a los responsables de la situación: “Crean que la política nos hundió”.
El empresario textil también interpeló directamente la conciencia política de los presentes y de la sociedad en su conjunto. “Seguro que entre ustedes hay 50 que lo votaron. Solo les pido que piensen la próxima vez que votan, porque saben qué, la vida es política”, disparó, comparando la situación actual con gestiones previas donde, a pesar de las dificultades y la inflación, el consumo se mantenía activo: “Con otros gobiernos todos sufrimos y nos peleábamos por otras cosas, pero teníamos plata en el bolsillo”.
Con un gesto final de desolación, Anasal señaló el vacío de la planta y concluyó: “Miren lo que es esto. Está vacío y ya está. Y no, qué voy a hacer, no puedo”.
La nota “El lunes no vengan”: El desgarrador adiós de una textil bonaerense tras 50 años de historia se publicó primero en Infocielo. Escrita por Adrián Belinche
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