Declaraba la artista estadounidense Mindy Seu en una reciente entrevista publicada en este mismo diario que “para personas que han sido socializadas y sexualizadas en el mundo en línea, su medio para acceder al sexo no es solo físico, también es visual, auditivo y textual. No es tan visceral, sino multisensorial”. No otra es la razón, seguía argumentando, por la que la generación Z tiene menos sexo. En efecto, “su idea de intimidad no es tan física como antes, ya no necesita solo del tacto”. Tan poco parece necesitarlo que, en muchas de las representaciones de la misma, en concreto en la de la intimidad sexual, se diría que incluso se permite prescindir de él por completo.

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