Hay una escena que todavía incomoda imaginar: una persona de 70 años deseando a otra. Como si el paso del tiempo apagara algo más que ciertas funciones del cuerpo. Como si después de la jubilación, la viudez o la menopausia también llegara una suerte de fecha de vencimiento para el deseo. Pero la sexualidad no funciona de esa manera.

“Se piensa que la sexualidad es para la juventud o para la procreación”, plantea la psicóloga y sexóloga platense, Lucía Báez Romano, en diálogo con EL DIA. Y allí, dice, aparece uno de los principales prejuicios que pesan sobre los adultos mayores: la idea de que el sexo tiene sentido mientras existe la posibilidad de reproducirse. Después, parecería que solo queda resignarse.

La realidad es otra. El deseo sexual puede permanecer intacto después de los 60, aunque la manera de experimentarlo cambie. Puede haber relaciones sexuales, pero también besos, caricias, masajes, abrazos, miradas, dormir juntos o simplemente disfrutar de la cercanía de otra persona. “El deseo sexual no es solamente tener ganas de hacerlo”, explica Báez Romano.

Por eso, más que hablar de una desaparición del deseo, habría que hablar de una transformación. El cuerpo cambia, las circunstancias de vida también y, en algunos casos, aparecen dificultades sexuales que antes no estaban. Pero ninguna de esas modificaciones implica necesariamente el final de la vida erótica.

EL CUERPO CAMBIA, EL DESEO NO NECESARIAMENTE

Después de los 60 pueden producirse modificaciones hormonales tanto en mujeres como en varones. En las mujeres, la disminución de estrógenos propia de la menopausia puede provocar cambios en la zona vaginal. El introito puede reducirse y la penetración volverse dolorosa. También puede enlentecerse la respuesta orgásmica.

Eso no significa que la sexualidad tenga que terminar. Según explica Báez Romano, si existe dolor durante la penetración, hay alternativas que pueden conversarse dentro de la pareja. Y, además, existen tratamientos específicos que pueden abordarse desde la ginecología.

También cambia la forma en que aparece la excitación. Aquello que antes podía desencadenarse con una mirada o una caricia puede requerir ahora una estimulación más directa. “Si la otra persona no me toca, me toco yo”, sintetiza la especialista para explicar que la masturbación y el conocimiento del propio cuerpo siguen siendo herramientas importantes.

En los varones también disminuye la testosterona con el paso del tiempo y pueden aparecer modificaciones en la respuesta eréctil. La erección puede continuar, pero tener menos rigidez o vigorosidad. La eyaculación también puede presentar cambios y el volumen del semen disminuir, sin que eso signifique que desaparezca.

En este punto, Báez Romano advierte sobre la importancia de la consulta médica y cuestiona el uso indiscriminado de tratamientos hormonales o de dispositivos como los llamados chips de testosterona. En el caso de los varones, señala, es necesario evaluar cada situación y considerar, entre otras cuestiones, el estado prostático. En las mujeres, la terapia hormonal durante la menopausia también debe analizarse de manera individual y teniendo en cuenta antecedentes personales.

El cuerpo, entonces, puede necesitar más tiempo, más estímulos y otras formas de acercamiento. Pero una respuesta sexual diferente no equivale a una ausencia de sexualidad.

El deseo, entonces, no desaparece necesariamente: puede quedar desplazado