Gimnasia terminó rescatando un punto que no era un buen pronóstico en la previa, pero teniendo en cuenta cómo se dio el partido terminó dejando una mueca de satisfacción o al menos no tanta bronca como hubiera provocado una derrota.
El gol del 1-1 llegó en el último minuto y fue por un penal que anotó Marcelo Torres, quien de esta manera pudo cerrar el círculo luego del mal paso en la primera fecha: ante Racing el Lobo recibió un penal a su favor y el propio Chelo lo remato con tanta mala fortuna que además de contenerlo el arquero Cambeses le provocó un fuerte desgarro que lo mantuvo dos meses afuera de las canchas.
Pasaron las semanas y el delantero pudo volver a meterse en la consideración del Pata Pereyra pero siempre ingresado desde el banco de los suplentes ya que perdió su lugar a manos de Auzmendi e incluso del propio Agustín Colazo.
Por eso era tan importante el penal que anoche pidió ni bien lo sancionó Pablo Dóvalo. No dudó un segundo su intención de rematar porque necesitaba más que nadie anotarlo para sacarse la mufa de esa primera fecha fatídica en lo personal y para el equipo. Ahora empieza otro torneo para Marcelo Torres, que quiere recuperar el terreno perdido.
La ejecución no dejó dudas. Le rompió el arco a Ingolotti que se tiró a su palo izquierdo y la pelota fue al contrario. Lo gritó con el alma porque en lo personal significó mucho.
La jugada fue muy rápida. Habilitaron a Franco Torres quien un paso adentro del área quiso girar pero el defensor de Atlético Tucumán lo pisó imprudentemente. Fue un penal de VAR, de esos que cuando son a favor se festejan pero le tocan en contra los hinchas se molestan. No quedaron dudas luego de la revisión.