El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó ayer la tensión con Irán al advertir que su país responderá destruyendo un puente o una planta eléctrica iraní cada vez que Teherán ataque un barco en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el comercio energético mundial. “A partir de este momento, cada vez que la República Islámica de Irán dispare contra un barco en el estrecho de Ormuz, ya sea con misil, cohete, dron o cualquier otro dispositivo o arma, Estados Unidos bombardeará y destruirá un puente o una planta eléctrica”, escribió Trump en sus redes sociales. La amenaza se produjo en medio de una guerra que continúa escalando y sin una salida diplomática clara, con consecuencias que ya impactan en la economía internacional. El cierre parcial del estrecho de Ormuz, por donde en tiempos de paz circulaba cerca de una quinta parte del petróleo y gas natural comercializados en el mundo, generó preocupación por el abastecimiento energético y provocó una fuerte suba del precio del crudo. EL PETRÓLEO, PARA ARRIBA El Brent, referencia internacional del petróleo, superó los 93 dólares por barril, frente a los menos de 72 dólares registrados antes del inicio del conflicto. Los precios de los combustibles también comenzaron a reflejar la incertidumbre generada por la crisis. Irán respondió a las declaraciones de Trump con advertencias de represalias. El ministro de Exteriores iraní, Seyed Abbas Araghchi, aseguró que cualquier ataque contra su país, incluida su infraestructura, provocará una respuesta “poderosa y decisiva”. Desde Teherán insistieron además en que aplicarán una doctrina de defensa de “ojo por ojo”. El enfrentamiento se intensificó después de nuevos ataques estadounidenses contra objetivos iraníes durante la noche del martes y el miércoles, mientras sistemas de defensa aérea eran activados sobre Teherán. Irán, por su parte, lanzó misiles contra la ciudad jordana de Aqaba y drones que activaron alertas en Baréin y Arabia Saudí. En las últimas semanas, ambas partes han apuntado contra infraestructura civil. Irán atacó instalaciones energéticas y plantas desalinizadoras de países del Golfo, mientras Estados Unidos amenaza ahora con golpear servicios básicos dentro del territorio iraní. El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, calificó esos ataques como “inaceptables” y recordó que el derecho internacional limita los ataques contra objetivos civiles. El conflicto también aumentó la preocupación entre los países de la región. Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y otros gobiernos del Golfo presionan por una salida diplomática, aunque un funcionario árabe admitió que las posibilidades de una desescalada parecen cada vez más lejanas. Washington sostiene que busca proteger la navegación internacional en Ormuz y evitar que Irán controle una vía clave para el comercio mundial. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, advirtió que permitir que un país cierre una ruta marítima internacional y cobre peajes sentaría un precedente peligroso para otras regiones. Mientras tanto, la diplomacia permanece estancada. Aunque funcionarios iraníes aseguran que todavía existen contactos indirectos, Trump afirmó que Estados Unidos no tiene interés en reunirse con Teherán por ahora y dejó abierta la posibilidad de nuevos ataques contra instalaciones nucleares iraníes. La guerra, que ya dejó decenas de muertos y cientos de heridos según autoridades iraníes, amenaza con transformarse en una crisis global por sus efectos sobre la energía, el comercio marítimo y la estabilidad de Medio Oriente.