La evidencia disponible actualmente indica que un consumo moderado de cafeína, de hasta unos 400 miligramos diarios —aproximadamente entre tres y cinco tazas de café, según su preparación y concentración—, parece ser seguro para la mayoría de los adultos.

Además, distintos estudios encontraron asociaciones entre el consumo moderado de café y un menor riesgo de algunos eventos cardiovasculares, entre ellos infartos, insuficiencia cardíaca y fibrilación auricular, además de una menor incidencia de hipertensión arterial y diabetes.

Esto no significa que el café funcione como un medicamento ni que aumentar su consumo necesariamente reduzca esos riesgos: buena parte de la evidencia muestra asociaciones y no permite establecer por sí sola una relación directa de causa y efecto.

El giro científico sobre la cafeína, entonces, no surgió porque se haya descubierto que sus conocidos efectos estimulantes eran falsos. Lo que cambió fue la forma de interpretarlos: se comprendió que una reacción inmediata del organismo no necesariamente anticipa las consecuencias del consumo habitual y que los efectos de un alimento completo pueden ser diferentes de los de uno de sus componentes aislados.

La excepción importante son las bebidas energéticas. Aunque contienen cafeína, su composición y sus efectos son diferentes de los del café. La evidencia disponible señala un impacto negativo sobre la salud cardiovascular, por lo que su consumo habitual no es recomendado.